Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN
El ‘legado’ como tapadera

José Luis Rodríguez Zapatero, tras un mitin el pasado mes de mayo en Cádiz. / Nacho Frade / Europa Press
Cristina Narbona ofrece la presunción de inocencia a Zapatero, un precepto que hemos de compartir todos, aunque lo ponga difícil, pero da un paso más y expone por él la mano al fuego. Y no porque pueda alegar pretextos en defensa de las actuaciones privadas del expresidente, sino por algo que para quien fue su ministra debe resultar irrebatible: su legado. El legado de Zapatero es fabuloso, a su criterio, y, por tanto, se merece un respeto, e incluso en su caso la posibilidad de quemarse una mano.
No sé si Narbona se percata de que el punto central de su defensa de Zapatero coincide en plenitud con lo que dirigentes de las derechas expresan sobre el rey emérito. Admiten que Juan Carlos I incurrió en algunas derivadas poco decorosas (negocios privados amparado en su posición institucional, ocultaciones a Hacienda, cuentas en paraísos fiscales, exposición de cuestiones de Estado en sus relaciones extraconyugales, uso de fondos públicos para intentar comprar silencios de sus amantes...), pero todo eso serían pelillos a la mar por el papel decisivo que protagonizó en la Transición en favor de la democracia. Ese legado compensaría los posteriores devaneos.
El argumentario es coincidente: el legado del rey Juan Carlos y el del presidente Zapatero habrían autorizado a ambos a cobrárselo mediante actividades de intermediación comercial, por supuesto opacas hasta que han sido desveladas (las del expresidente, todavía en parte) tirando de flecos, y en ambos casos instrumentadas en países de regímenes autoritarios. Siempre con la democracia en la boca, pero sin reparar en la represión de las libertades allí donde cultivan amistad con los dirigentes políticos que encauzan sus negocios.
Uno, escribe un libro para reflejar su legado que requiere del lector un regreso a la mentalidad infantil, y el otro sale de su madriguera para someterse a una entrevista-alfombra en TVE en la que remite a futuro sus explicaciones y en la que se victimiza por los procedimientos de la Justicia, en plan mirar el dedo que señala a la luna. Izquierda y derecha defienden aternativamente a ambos a cuenta de unos respectivos legados más que dudosos, en los que hay que hacer gran esfuerzo para evitar las caras B, el legado oscuro. Otro ejemplo de cómo ambos polos de la estructura política coinciden en el capítulo de las exculpaciones.
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