Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | +MUJERES

Euforia deportiva y violencia de género

Grandes eventos deportivos como el Mundial de Fútbol pueden convertirse en momentos de riesgo para las mujeres si no se refuerzan la prevención y los recursos de atención

Cartel de la organización Women’s Shelters de Canada en el que se alerta que la violencia doméstica aumenta hasta un 33 % durante los grandes eventos deportivos.

Cartel de la organización Women’s Shelters de Canada en el que se alerta que la violencia doméstica aumenta hasta un 33 % durante los grandes eventos deportivos. / Women's Shelters

Que vaya por delante que, como la mayoría de españoles y españolas, nos alegra y celebramos que España hay ganando el mundial de futbol masculino 2026, lo que no quita que llamemos la atención sobre algo que nos parece necesario señalar y prevenir.

Un estudio científico publicado en 2022, liderado Hayley Forsdike, académica australiana, en la que se analizaron más de una década de investigaciones realizadas en Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda concluyó que hay una relación directa entre los grandes eventos deportivos, como son los Mundiales de Fútbol, y el aumento de las agresiones contra las mujeres, especialmente las ejercidas por la pareja o expareja.

Todo comenzó la noche de la final de la Eurocopa de 2021, mientras Inglaterra se jugaba el título frente a Italia, una mujer, Kae Flood, lanzó un mensaje en Twitter que, a gran velocidad, se hizo viral: «Cualquier mujer preocupada por la violencia de género esta noche, que me envíe un mensaje privado», y ofrecía su casa como refugio temporal para quien temiera la reacción violenta de su pareja tras el partido.

Lo que empezó como un tuit acabó convirtiéndose en una red improvisada de solidaridad. Decenas de mujeres comenzaron a ofrecer habitaciones, sofás, transporte e incluso dinero para desplazamientos a desconocidas que pudieran sentirse en peligro. Mientras millones de personas seguían la final de la Eurocopa, otras se preparaban para una noche de terror machista.

Cinco años después, el Mundial de 2026 arrancó con campañas específicas de prevención en países como México, Canadá o Estados Unidos. Así lo constata Erika Rosete en un artículo de El País hace unas semanas, haciéndose eco de la alarma que ha lanzado la ONU afirmando que las llamadas a líneas de emergencia por violencia familiar, en aquellos Estados en los que se ha hecho una comparativa de datos, pueden llegar a dispararse hasta un 30 %.

¿Por qué el mayor espectáculo deportivo masculino del planeta activa también las alarmas contra la violencia de género?, nos preguntamos.

Según estas investigaciones, la relación entre estos dos factores se repetía en buena parte de los estudios analizados y venía determinada por varios parámetros: los modelos de masculinidad a los que están vinculados, la intensidad emocional de los encuentros deportivos, las apuestas deportivas y la adrenalina que estas intensifican, y el consumo de alcohol, por supuesto.

«El fútbol no genera la violencia contra las mujeres, esa violencia ya existe y en determinados contextos puede incrementar los riesgos o intensificar dinámicas preexistentes», dice Wendy Figueroa, directora la Red Nacional de Refugios (RNR) de México, país líder en esta iniciativa de protección a las mujeres cuando tienen lugar grandes encuentros deportivos.

No podemos dejar de lado entre los factores desencadenantes de las situaciones que agravan la situación de violencia el home office prolongado. La pandemia por coronavirus ya demostró que muchas mujeres quedaron encerradas y aisladas con sus agresores sin tener oportunidades reales de acompañamiento, soporte o escape.

Los estudios realizados explican que la emoción, la frustración y el enojo por la derrota o la euforia por la victoria se convierten en motivos por los que los hombres agreden a las mujeres de su entorno tanto si su equipo pierde como si gana. Se ha comprobado que, si bien durante las dos horas que dura el partido se observa un descenso en la violencia, una vez que ha acabado el tiempo de juego los episodios violentos comienzan a repuntar; y es más, el incremento es de un 26% cuando el equipo de la persona agresora gana o empata, y de un 38% cuando pierde, lo que parece significar que la intensidad emocional que rodea a estos acontecimientos puede ser más relevante que el propio resultado.

Otro de los hallazgos llamativos es que no se trata de un fenómeno exclusivo del fútbol. La revisión incluye investigaciones en otros deportes como el rugby, hockey, fútbol americano o fútbol australiano, lo que lleva a los autores a plantear que la relación podría estar vinculada a determinadas culturas deportivas y sociales más que a un deporte concreto.

En base a estos datos, se propone entender Mundiales y Eurocopas de fútbol, así como otras grandes competiciones deportivas, como «momentos de riesgo previsibles», y del mismo modo que las administraciones refuerzan recursos durante festividades o celebraciones masivas con anterioridad a estos eventos, se deberían anticipar campañas de prevención, reforzar servicios de atención y sensibilizar a la población.

A diferencia de lo ocurrido hace una década, cuando las alertas procedían principalmente de organizaciones feministas y asociaciones de víctimas, el Mundial de fútbol de 2026 llega acompañado de campañas específicas de distintas administraciones en diferentes países.

La organización Women’s Shelters Canada ha puesto en marcha la campaña Make a Game Plan, que anima a familiares, amistades y vecinos a identificar señales de riesgo y prepararse para actuar si una mujer necesita ayuda. La iniciativa parte de una idea sencilla: si determinados acontecimientos deportivos pueden convertirse en momentos de riesgo previsibles, también pueden planificarse respuestas preventivas.

En México, organismos internacionales y autoridades locales han impulsado programas de formación dirigidos a policías, trabajadores del sector turístico, personal hotelero y empleados de transporte para saber cómo actuar ante casos de violencia contra las mujeres.

En España, por ejemplo, no se ha realizado ningún estudio de este tipo que cruce los datos de las denuncias o llamadas al 016 con las fechas de los grandes eventos deportivos, aunque no faltan ejemplos de conductas violentas asociadas al fanatismo deportivo. Quizá el más notorio sea el del beso no consentido que Luis Rubiales, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, dio a la jugadora Jennifer Hermoso. Si algo así ocurre delante de millones de personas con la euforia como excusa, qué ocurrirá en la intimidad, cuando no hay testigos.

Este tipo de estudios son todavía muy incipientes, por lo que es preciso seguir obteniendo datos de lo acontecido en este mundial de fútbol una vez finalizado, para alcanzar conclusiones que nos permitan prevenir y sobre todo cambiar la mentalidad y sensibilidad de hombre y mujeres, y que la impunidad y permisividad que acompaña a los momentos de euforia y emociones descontroladas no concluyan en ningún tipo de violencia.

Solo añadir y recordar, por si a alguien se le ha olvidado, que España es campeona mundial de futbol masculino y también femenino, aunque este segundo título no vaya acompañado de tanta euforia y esplendor.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents