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Opinión | Los imprescindibles

Soy Hermes, dios de los ladrones

La portada de Confesiones del estafador Félix Krull de Thomas Mann

La portada de Confesiones del estafador Félix Krull de Thomas Mann / L. O.

Es la novela más divertida y desvergonzada de Thomas Mann, escrita -por paradójico que pueda parecer- en sus años finales. Es, además, una obra incompleta. Debemos leerla como los célebres bloques inacabados de Miguel Ángel, algo que redunda aún más en su genialidad.

Krull es un caballero de industria, un estafador jovial y feliz que visita el mundo en busca de diversión, casi como un visitante de las estrellas: un Hermes, hermoso príncipe de los ladrones. Asistimos a la infancia y juventud de tan distinguido libertino, dotado desde la niñez de una inclinación decidida al disimulo, la actuación y el engaño. Pero Krull engaña rodeando de bienestar y placer a las personas que seduce; su belleza inspira un goce contemplativo en todos los que caen bajo su influencia, desde la doncella de su niñez hasta escritoras famosas, nobles escoceses o esposas de distinguidos paleontólogos.

En una descarada parodia del género alemán por definición -la novela de formación-, Krull se revela como un joven que no puede ni quiere ser reformado, que no aprende moralmente nada ni se preocupa por extraer enseñanza alguna de cuanto le sucede. Vive en una fiesta permanente donde juega con las fuerzas primordiales de la sexualidad y la manipulación de la belleza.

En el célebre viaje en tren nocturno a Lisboa, el profesor Kuckuck, de ciertos rasgos mefistofélicos, le revela el secreto origen del cosmos y la transformación de la materia inerte en vida. Le hace ver el tenebroso origen animal que compartimos, y cómo los hermosos brazos de una mujer nacen del mismo lugar que las garras y alas de los pájaros. Nada de esto conmueve especialmente a Krull, que pronto seducirá a la esposa del profesor. Perdemos su pista en tierras portuguesas; de su madurez, de su paso por prisión o su destino final nada concreto sabemos. El bloque de mármol guarda sellado su secreto.

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