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Opinión | Pan para hoy

Fernando Vera

Cronista taurino

Gashegos sin aguante

Ferran Torres celebra el gol que le dio el campeonato del Mundo a España

Ferran Torres celebra el gol que le dio el campeonato del Mundo a España / DAVID RAMOS

Me pongo a pensar en escribir en la cocina, donde la Primera Cadena me ofrece la final repetida un día después. Me quedo mirando a ver si esta vez los briosos empellones de nuestros muchachos acaban en gol. Nada cambia, como siempre que veo un partido repetido. Aún me desconcierta que los partidos no cambien. Estoy más tranquilo pensando que los argentinos tampoco marcarán en esta rigurosa redifusión. Rechazando el fosforito que le quieren imponer, Unai muestra al mundo que su sueño es llevar una camiseta roja y ser jugador de campo. Se pone uno nervioso viendo estos partidos, aunque sean repetidos.

Convencido de que los españoles no van a marcar, me voy a hacerle compañía a mi abuela y a su aire acondicionado. El sillón, instruido por las lecciones de estoicismo de De la Fuente, resiste, martirial, el peso del tiempo. Aquí se está muy fresquito. En la tele principal, echan una peli de medianoche de cuando Franco era cabo, cuyo protagonista se parece a Alain Delon.

Cada lunes de madrugada no sé de qué voy a hablarles. Suelo pedir consejo, y hoy le ha tocado a mi abuela: "Con el fútbol tienes un tema. Tienes que saber desliarlo, eso sí, sin ofender a nadie". Desde luego que no hay que ofender a nadie, no sea que de debajo de la cama salga un argentino iracundo y chiquitico y me diga que soy un gashego sin aguante mientras le pega buchitos al mate.

El único lugar desde el que puedo comprender que en el Obelisco de Buenos Aires lleven chaquetón es la Siberia en la que mi abuela ha convertido su cuarto. Aire y ventilador se asocian como Porro y Olmo, y un viento fuerte de levante me recuerda viejas glorias marciales, muy convenientes para refritangas futbolístico-militares que triunfan en los veranos de deporte.

Dice mi abuela que ya no hay nada de lo que escribir: "A ver qué se inventan ahora los periodistas". ¿Y nosotros? ¿Nosotros qué hacemos ahora, abuela? Anda que no me lo gozaba yo esta noche con un Irán-Nueva Zelanda. Ahora el fútbol volverá a ser aburrido y sintético, medido palmo a palmo, una guerra moderna con drones que encuentran a los soldados escondidos en madrigueras y graban su muerte inhumana. Ya no habrá héroes que se lancen en solitario a por las falanges enemigas, vikingos poseídos con moñete rubio ni caboverdianos bailongos. Se acabó el fútbol.

Solo nos consuela la esperanza de un Mundial con 64 participantes, aunque siga sin cuadrarles a los italianos. Cuatro años no son nada si se trata de aguardar un Mongolia-Vaticano, sin jogo bonito, eso sí, porque a los cardenales, con la sotana, no se les puede tirar caños.

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