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Opinión | La feliz gobernación

ZP, el referente escaso

¿Tan escasa está la izquierda, que es capaz de elevar a condición de mito a alguien con tan evidentes limitaciones?

José Luis Rodríguez Zapatero.

José Luis Rodríguez Zapatero.

Cuando fue descubierto el zulo de las joyas de Zapatero y desvelado que por detrás de su inocente apariencia de consultor autónomo en realidad lideraba un conglomerado de empresas pantalla y de testaferros aplicados al tráfico de influencias (todo esto supuestamente, señor juez), un amplio sector de la izquierda entró en shock, pues lo que ya era sabido desde hacía años les resultó noticia nueva. Pero lo que ahora interesa aquí no son las trapisonderías del expresidente del Gobierno, sino el hecho de que aquellas jeremiadas contuvieran el lamento de que «el referente moral de la izquierda» también se dedicara al trinque. Se decía que aquella constatación era un golpe mortal para ese ‘espacio’ y que de ese pozo no se sale.

Por lo visto, la izquierda, la socialista y la que se sitúa más allá del PSOE, tenía a Pedro Sánchez por un político de acción, mientras Zapatero ejercía junto a él una función más teórica e inspiradora. El referente moral, en la expresión elegida para identificarlo. Muchos no llegábamos a entender tamaña atribución, pues lo escuchábamos en mítines y entrevistas y no veíamos por ningún lado en qué consistía su contribución intelectual. ¿Tan escasa está la izquierda, que es capaz de elevar a condición de mito a alguien con tan evidentes limitaciones? Nos peguntábamos.

Pueden consultarse sus intervenciones y no hallaremos más que lugares comunes, prejuicios acuñados, resortes románticos sin fuste, todo con un fondo cultural plano, más de activista convencional que de alguien que se atreve a transitar por la complejidad. Zapatero no pasa de ser un animador de la izquierda, incluso de la izquierda autoritaria gobernante en países de los que obtenía réditos inconfesables, antes que alguien capaz de orientar críticamente a un espacio político desconcertado, a veces tal vez certero en sus análisis de situación, pero a la vez paradójicamente impotente para ofrecer respuestas.

Si a una personalidad de pensamiento tan endeble, encumbrado a pilar referencial, se le añade el uso que supuestamente hacía de su situación privilegiada en los entornos de poder, habrá que deducir que la izquierda, a falta de discursos más compactos, tiende a agarrarse a clavos ardientes y la consecuencia es, claro, la quemazón.

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