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Opinión | Mujeres interesantes

María Martínez

Inma Guillamón, decana del turismo cultural

La primera guía de turismo de la historia data de mediados del siglo XII, cuando un peregrino francés relató su itinerario a Santiago de Compostela. Inmaculada Guillamón Dávalos, descendiente del condestable Ruy López Dávalos, según el árbol genealógico que su abuelo encargó, es nuestra guía murciana. Laboral o festivo, mañana o tarde, pueden verla con su grupo explicando rutas por la ciudad, desde la clásica: Glorieta, Plaza de Belluga, Catedral completa, Casino, Museo Santa Clara, Santo Domingo y Plaza de Romea (un máximo de tres horas), que a veces se completan tras la comida con dos más por la tarde.

Murciana de capital, morena, ojos castaños, bien arreglada, es una gran profesional, que prefiere denominarse comunicadora de arte e historia a guía turística, y se diferencia de los ‘cuentacuentos’: «Yo no soy actriz». Estudió Historia del Arte, habla inglés e italiano, hizo cursos especializados en el Instituto de Turismo de la Región de Murcia.

Habilitada por la Comunidad Autónoma tras los pertinentes exámenes, continúa ilusionada preparando rutas urbanas (medieval, renacentista, barroca) adaptadas a todo tipo de clientes (jubilados, empresarios, congresistas, estudiantes Erasmus, incluso niños mediante juegos y fichas), salpicadas también de anécdotas y curiosidades. Simpatía, conocimientos, amenidad, capacidad de síntesis, psicología social (nota cansancio o interés), buena dicción, pasión por su trabajo, adornan su profesionalidad. Incansable y didáctica, el pasado año recibió un homenaje de sus compañeros, y tras los agradecimientos a quienes le habían enseñado, espontáneamente soltó: «Alfonso, te quiero un montón». Su marido quedó emocionado: un ‘santo varón’ a quien conoció hace cuarenta años en la Cofradía del Perdón, en la que procesiona desde los 15 años.

Cuenta orgullosa que el padre de sus hijos (Alfonso y Carlos) ha ‘aguantado’ muy bien sus horarios y viajes (hace circuitos por España e internacionales): equilibrio y respeto sazonan su matrimonio de casi cuatro décadas. En La Ribera, ‘su sitio’, tiene todo: familia y amigos. Le encanta Sevilla y el País Vasco. Y de Murcia elige el Real Casino: el preferido de su clientela junto al Museo Salzillo. Memoriosa e inquieta no tiene plan de jubilación y sigue estudiando, aunque después donará su biblioteca.

Le relaja el punto de cruz (tiene hecha hasta nuestra Catedral), bordar y hacer crucigramas. Su piel tan morena la acomplejaba. Su madre (que no quiso que hiciera un anuncio de bronceadores) para animarla le aconsejó que dijera que era hawaiana. Con su abuela Maruja se intercambiaba novelas, y le dejó muchas dedicadas a ella. A los turistas les sorprende Murcia (limpia, cómoda, bella, segura), su clima y gente tan amable. Y los paparajotes (advirtiéndoles de que no se come la hoja de limón). Transmitir cultura rejuvenece: verbigracia, Inma.

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