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Opinión | Pulso Político

Diputado del Grupo Mixto en la Asamblea Regional

La vivienda asequible requiere suelo disponible

Los precios son altos sencillamente porque la demanda es muy superior a la oferta, no hay casas suficientes

Bloque de viviendas en construcción en la zona de Churra, en una imagen de archivo

Bloque de viviendas en construcción en la zona de Churra, en una imagen de archivo / Israel Sánchez

El drama del acceso a la vivienda ha dejado de ser una preocupación macroeconómica para convertirse en el tema estrella de las conversaciones cotidianas. La cosa está que arde y los precios, por las nubes. Sin embargo, la receta que nos proponen desde las administraciones sigue siendo la de siempre: discursos bienintencionados, pero regulaciones que solo acaban encareciendo más los pisos, con algún que otro parche en forma de decreto de ‘vivienda asequible’. Pero esto último es como intentar tapar una vía de agua en el Titanic con una tirita.

Para solucionar el problema del acceso a la vivienda hace falta ir mucho más allá de un decreto ley de vivienda asequible cuando el principal problema es de cajón, pura ley de la oferta y la demanda. Los precios son altos sencillamente porque la demanda es muy superior a la oferta. No hay casas suficientes para tanta gente. Y una de las principales causas, si no la más importante, de la falta de oferta es la alarmante falta de suelo urbano para uso residencial.

Ojo, que no es que en nuestra región falte espacio físico. Terreno disponible hay de sobra. Lo que falta es voluntad política. Hoy en día, el suelo no está disponible porque los planes urbanísticos tardan años y años en aprobarse. Sacar adelante un plan en cualquier municipio es una odisea que puede demorarse fácilmente entre diez y quince años. ¡Una década y media! En ese tiempo, las empresas quiebran y las necesidades de los ciudadanos pasan de largo. Para cualquier promotora, esos plazos hacen que la actividad no sea mínimamente rentable.

¿Por qué ocurre esto? Pues porque los planes urbanísticos se han convertido en la gallina de los huevos de oro para los políticos municipales. No hay mayor cuota de poder para un cargo local que la capacidad de decidir dónde se puede construir, qué se puede construir y cuándo se puede construir. Ese control absoluto sobre el destino del suelo alimenta un intervencionismo que, como siempre, asfixia el desarrollo.

Y aquí es donde entra la imprescindible reforma urgente que necesita nuestra Ley del Suelo, la Loturm. La ley actual ya contempla que puedan implantarse en las áreas donde el uso esté permitido edificaciones destinadas a industrias, hoteleras en todas sus categorías, actividades terciarias o dotaciones compatibles, en el caso de que el Ayuntamiento aprecie que son de interés público, una vez que el plan en tramitación haya alcanzado la aprobación inicial. Si para poner una fábrica o un hotel sí se puede agilizar el suelo, ¿por qué no contempla que también puedan construirse viviendas? ¿Acaso garantizar un hogar a nuestros jóvenes y familias no es una cuestión de máximo interés público?

Este es el primer cambio que necesita la ley. Permitiría empezar a construir viviendas en muchos sitios de manera inmediata, desbloqueando proyectos habitacionales en toda la Región de Murcia de la noche a la mañana.

Además, es imprescindible reducir la burocracia y acortar todos los plazos de forma radical. No puede tardarse una década en aprobar un plan, pero tampoco puede llevar años conceder una licencia de construcción. Acortar los plazos es perfectamente posible, no solo mediante modificaciones legales, sino empleando la tecnología que ya existe. Por ejemplo, usando la inteligencia artificial se podría analizar en menos de un minuto si la documentación presentada cumple o no la normativa vigente. Esto ahorraría miles de horas de trabajo administrativo, pagadas con dinero público, que podrían destinarse a otros menesteres más productivos para los ciudadanos.

Al final, la solución definitiva requiere cambiar el concepto de partida. La ley no debería dejar al arbitrio del político de turno decidir dónde se puede construir y dónde no. El paradigma tiene que ser el inverso: debería poderse construir en cualquier terreno que no estuviese específicamente protegido por motivos medioambientales, históricos, paisajísticos o de seguridad.

Si realmente queremos solucionar el problema de acceso a la vivienda, debemos acometer reformas en profundidad. Y la primera, sin duda, es la regulación del suelo. Porque sin suelo, no hay vivienda. Querer solucionar este drama tan solo mediante parches, es seguir usando la misma receta que nos ha llevado al punto en el que estamos. No debemos olvidar esa famosa cita: "La locura es hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes". Por eso es hora de cambiar de receta de una vez por todas, empezando por reformar la Loturm.

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