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Opinión | Nos queda la palabra

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Oyarzabal, Olmo y Yamal.

Oyarzabal, Olmo y Yamal. / Lavandeira Jr / EFE

El lunes quizá nos dure, pero el martes todo habrá vuelto a la normalidad.

En el mundial covid descubrimos la importancia de los otros. De nada servía tomar precauciones individuales si el conjunto de la sociedad no las respetaba. Todos a una es un hermoso lema que nos permitió no solo salir de la terrible pandemia sino llegar a ella. Harari nos recuerda en «Sapiens» que la especie humana no se extinguió por su capacidad de unirse frente a otras fuerzas animales y naturales mucho más poderosas. Primero lazos familiares, luego tribales, religiosos, políticos y después futbuleros.

El cerebro privilegiado que hombres y mujeres poseemos no es óbice, sin embargo, para que no solo se nos hayan olvidado los lejanos orígenes sino también las muy cercanas mascarillas.

Volvió el mundo a girar enseguida hacia el individualismo, con Trump como epítome del egoísmo más salvaje, rodeado de los nuevos amos del universo para exprimirlo hasta hacer reventar las cuentas y las costuras de nuestros sistemas democráticos. Ya saben, el poder del pueblo.

Y hete aquí, que este domingo España volverá a intentar convencer, aunque solo sea durante 90 minutos o algo más, que el equipo, que la colectividad, es la clave del éxito para avanzar en este mundo, aunque sobre sus cabezas penda la verborrea, ignorancia y maldad del emperador más loco y despiadado, al que le faltará el bufón Milei.

No teman. Enseguida la prevalencia del individuo sobre el grupo será total. Primero yo y después yo y de aquel que mire por los demás más allá de la caridad.

Es, sin lugar a dudas, más que un partido, pero tampoco alberguen esperanzas de que sea un punto y aparte. Tras la resaca, volveremos a lo nuestro, a propinar codazos al que tenemos cerca para ascender o a despotricar contra todo aquello que altere nuestro beneficio propio.

Incluso, volverá desde ya el fútbol, un juego que forma parte de nuestra normalidad y, por tanto, mandan las individualidades, aunque, a veces, surge el milagro de que nos une a todos, incluido a todos los que persiguen un mundo mejor para todos.

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