Opinión | La nueva butaca

Periodista
La vida que ‘sale’ a las fachadas

Varias personas se asoman por el balcón de una casa. / L.O.
Salir a correr al amanecer o pasear por la tarde son dos de los grandes placeres de los que disfruto cada día. Con frío o con calor, en mi ciudad o lejos de ella. Una carrera o una buena caminata ayudan a recibir o despedir el día de una forma completamente distinta. "Mens sana in corpore sano". Según el experto en longevidad Dan Buettner, caminar, nadar o correr cada día pueden sumar hasta tres años a la esperanza de vida. En esas salidas hay tiempo para escuchar la actualidad, pensar en nuevos proyectos y, por supuesto, observar.
Me gusta observar, no solo los edificios y su arquitectura, sino también la vida que ‘sale’ a las fachadas. Según lo que haya en balcones, ventanas o terrazas, imagino quiénes vivirán ahí, cómo serán o a qué se dedicarán. Esos espacios domésticos hacen volar la imaginación.
Basta con levantar la mirada para descubrir plantas, bicicletas, casitas de juego infantil, maletas, maniquís, figuritas de duendes, búhos, ranitas, e incluso botellas de butano. También banderas de España, especialmente ahora con el Mundial de Fútbol. Recuerdo un edificio, frente al mar en Águilas, con una televisión colgada en la pared de la terraza. Y en pleno verano hay balcones con decoración navideña.
En nuestros viajes familiares a Galicia me llama la atención que prácticamente ninguna casa tenga rejas. Tampoco faltan los tendederos improvisados, donde las prendas ondean al aire junto a los monumentales hórreos y las hortensias, iconos del paisaje gallego.
Las imágenes de la ropa tendida en Nápoles, Venecia o Lisboa resultan especialmente pintorescas. Forman parte de sus identidades. Aunque no hace falta viajar tan lejos. Guardo en mi recuerdo la última visita a Lorca: calles de casas bajas llenas de color por el sinfín de tejidos que colgaban en la mayoría de viviendas. Por algo es la Ciudad del Sol…
Después de fijarme en tantos balcones y terrazas, llego a la misma conclusión. Y es que, más allá de las viviendas en las que desaparecen espacios tradicionales como lavaderos, galerías o cuartos de pila; más allá de las ordenanzas que buscan preservar la imagen urbana; y más allá de la proliferación de las monótonas fachadas de los llamados ‘edificios cebra’, espero que nunca desaparezca esa vida que ‘sale’ a las fachadas, porque otorga personalidad y alma a los pueblos y las ciudades. Y también hace volar la imaginación de quienes nos detenemos a observar.
Suscríbete para seguir leyendo
- Cinco años sacando agua del garaje sin saber su origen
- Nuevo arreón del calor en la Región de Murcia: activada la alerta naranja el próximo miércoles
- Fallece el músico y periodista murciano Jam Albarracín a los 66 años de edad
- Rescatadas del agua 17 personas en Galúa y Entremares tras bañarse en zonas balizadas con bandera roja
- La avería de los ascensores para bajar a la playa lleva al límite a los vecinos de Campoamor
- Acuchillan en la cara a un joven en una riña en la zona de Atalayas en Murcia
- Una nueva senda verde discurre entre las pedanías de Murcia limítrofes con el río Segura
- El Real Murcia hace los deberes en la Copa Federación