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Opinión | Mamá está que se sale

Nos fuimos pa' Madrid

Yo lo sentía mucho ser tan pesada, pero es que se ha casado la primera nieta y sobrina, la prima más mayor, y el acontecimiento ha sido poco menos que sideral

Imagen de recurso de los novios en su boda.

Imagen de recurso de los novios en su boda. / L. O.

Llevo unos días saliendo de un proceso de bodatización colectivo que nos ha tenido absorbidos creo que varios meses. En mi oficina estaban hartos de la boda, y eso que no era la mía. Yo lo sentía mucho ser tan pesada, pero es que se ha casado la primera nieta y sobrina, la prima más mayor, y el acontecimiento ha sido poco menos que sideral.

Desde el primer anuncio, y dado que sería en Madrid, mi suegro imaginó algo parecido a una boda gitana. Quería que nos fuéramos para allá, todos, lo menos una semana antes. La lógica logística y el sentido común hicieron que los fastos se limitaran a tres o cuatro días, eso sí, de pajera abierta como decimos aquí.

Es inevitable recordar cómo fue cuando te casaste tú, y entiendes perfectamente la emoción de la novia, o de su madre, al caminar hacia el altar, sonando la música y viendo a uno y otro lado a tanta gente que ha venido de sitios muy dispares para acompañarte. Por cierto, la novia puntualísima, no he visto cosa igual. Alguien me dijo que se había agenciado una wedding planner ('la wendy', en murciano) que lo tenía todo milimetrado, y pobre del que no le hiciera caso.

Y la iglesia de las Salesas, verdaderamente bonita. Con unas escaleras muy apropiadas para sacarse fotos. Una pena no poder mostrarlas aquí.

Ahora, que lo bueno vino después. La Finca El Campillo de El Escorial no defraudó en absoluto, y no sé si era porque yo llevaba un mes a dieta, o que de verdad lo que nos dieron fue gloria, pero estaba todo riquísimo.

Pero no es de eso de lo que te quiero hablar. Lo que resaltaría como lo mejor fue cuando, una vez sentados en las mesas, se empezó a oír entre el murmullo de los comensales unas palabras de Marina. Nos contaba cómo había sido conocer a Carlos, las vueltas que dio la vida hasta que el destino los unió, la ilusión por todos los proyectos que les esperan y cómo de importante había sido su familia, sus padres, su hermano Borja, los abuelos. Sonreí para mí cuando mencionó todas las veces que su padre le esperaba a la salida del conservatorio, más allá de las diez de la noche. Más de una vez fuimos testigos. Ser agradecido es de bien nacido, ya lo dice el refrán. Aprovechar tu día para agradecer a tus allegados que te hayan acompañado hasta aquí, es un gesto muy bonito.

Y hasta aquí la parte sentimental. Te iba a decir que entonces vino lo mejor, pero no sé cómo decirlo, y tampoco quiero ser repetitiva. Pero es verdad que después empezó un fiestón. Primero con una pareja estilo flamenco para animar el cotarro, que nos dejó a punto de caramelo cantando todos los besos posibles. Poco a poco fue subiendo el nivel, con un DJ que nos hizo querernos divertir en nueva yol, sacarnos un selfi al grito de cheese, gritar mi nombre suena bien con tu apellido… no nos dejó sentarnos ni un poco (menos mal que me llevé unas esparteñas). Hasta las sobrinas bailaron al son de Esa diva de Melody.

Yo saqué fotos de todo lo que pude. Aunque tenga un móvil piedra según mis hijas, lo que importa son las sensaciones que revives al ver esos recuerdos. Me alegré mucho por los novios, por ese camino tan bonito que empiezan. Y recordé lo que decía Mark Twain: «La vida es una aventura maravillosa, para quien sabe elegir bien». Que vivan los novios.

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