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Opinión | LA PERDICIÓN

Al portero no le gusta el fútbol

El portero de la selección española Unai Simón, durante el partido disputado el pasado 20 de junio contra Arabia Saudí. EFE/RONALD WITTEK. (Athletic Bilbao)

El portero de la selección española Unai Simón, durante el partido disputado el pasado 20 de junio contra Arabia Saudí. EFE/RONALD WITTEK. (Athletic Bilbao) / RONALD WITTEK / EFE

Al portero de la selección española de fútbol, Unai Simón, no le gusta mucho el fútbol. Tampoco poco: no le gusta, sin más. Así nos vamos entendiendo. «No me gusta el fútbol, bastante tengo ya con los entrenamientos y los análisis», dice. ¿Quiere eso decir que no puede desempeñar su profesión excelentemente? En absoluto. El que te guste tu profesión no quiere decir que la hagas bien, pero el que no te guste tampoco significa que la hagas peor. La vida de los artistas, y un buen guardameta lo es necesariamente (el que sea un buen deportista no alcanza para ese sexto sentido de origen preternatural que deben tener este tipo de jugadores), está llena de casos en los que pueden llegar a ser número uno, sin tener ningún interés especial en lo suyo.

El célebre escritor Camba detestaba escribir. Es más: tampoco le gustaba leer, y presumía de ello. Se dedicaba a hacer artículos humorísticos porque era un señor muy serio y las perras que le pagaban se las gastaba luego en comilonas y timbas, que eran su vocación. Tan poco le gustaba escribir que al final de su vida le pagaban otra vez lo que ya había publicado en el mismo periódico hacía treinta o cuarenta años. A mi amigo José Manuel Fernández-Melero no le gustaba ser director de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Le gustaba ser pintor en Cartagena. Supongo que a Unai Simón lo que le gusta es ganar. Y ya con eso nos vamos arreglando.

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