Opinión | Tribuna libre
Cayetano Toledo Hernández
El plan para el Trastorno Límite de la Personalidad existe, pero no se cumple
La Región de Murcia aprobó un modelo pionero de atención al TLP, pero su aplicación sigue bloqueada por la falta de profesionales y recursos
El Servicio Murciano de Salud (SMS) publicó en su web el tan esperado Plan de continuidad asistencial en el Tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad (TLP) el 28 de noviembre de 2024, día que coincide con el cumpleaños de mi hijo mayor, que sobrevive con ese diagnóstico. Este es el primer plan específico para este trastorno mental, cuyo desarrollo no se está cumpliendo y, lo que es peor, no hay expectativas de que se vaya a cumplir.
Incluye la formación específica en TLP, que solo se ha llevado a cabo en unos pocos centros de salud mental (CSM), así como protocolos de coordinación de los diferentes dispositivos de SM, de seguimiento, gestión de crisis, etc., y su primer gran objetivo es establecer en todos los CSM de la Región de Murcia el nivel 1 de asistencia; es decir, el nivel ambulatorio de los casos menos graves, principalmente en grupos de psicoterapia para pacientes y de psicoeducación para familiares.
Con ello se pretende evitar que esta psicopatología se agrave, se cronifique y que genere otros muchos problemas de salud mental (PSM) que suelen darse con el TLP, incluidas adicciones de todo tipo, además de autolesiones y suicidios.
El nivel 2 de asistencia al TLP, el ambulatorio intensivo para casos más difíciles, está en las unidades de rehabilitación de adultos de los CSM de Cartagena y de San Andrés-Murcia. El nivel 3, casos graves, solo está en el Hospital de Día del Román Alberca. Y el nivel 4, hospitalización completa, no existe; no hay un centro específico para TLP, lo cual es imprescindible para los casos de mayor desestabilización, cuando no tienen conciencia de enfermedad, hay que reducir síntomas psicóticos, etc. Esto se hace en urgencias y en hospitalizaciones breves o de media estancia, dispositivos genéricos donde el personal carece de formación específica en TLP, con el consiguiente perjuicio para estos pacientes. Como es habitual, los más graves son los más desatendidos (ley de cuidados inversos).
Los trastornos de personalidad (TP) afectan a un 10% de la población en general y el TLP a un 4% (la terapia para este es la base para todos los TP), por lo que resulta claramente insuficiente la dotación de solo dos centros para el nivel 2 y es más clamoroso todavía que solo haya un centro para el nivel 3 de asistencia, e incomprensible que brille por su ausencia un dispositivo para el nivel 4. Por otro lado, también es cierto que, si se introdujese el nivel 1 en todos los CSM, serían muchos menos los casos que necesitarían atención en niveles superiores.
Sin embargo, el nivel 1 no se puede implementar porque los grupos de psicoterapia no se consolidan, ya que los CSM solo abren por las mañanas y los pacientes priorizan ir a clase o al trabajo, que son fundamentales para llevar una vida normalizada, finalidad esta de la terapia. Pero, si tienen TLP y no van al CSM, lo normal es que empeoren y al final necesiten ir directamente al nivel 2 o 3 de asistencia, y que, por lo tanto, tampoco hayan podido desempeñar bien el trabajo o el estudio; un círculo vicioso que se retroalimenta. Como siempre, es el paciente de SM quien tiene que adaptarse al Sistema, cuando debería ser lo contrario y que los CSM atendiesen por la tarde. Esto es un derecho de la ciudadanía y una obligación de la Administración. ¿Cómo queremos hacer prevención y tratar el TLP en fase temprana, para que no se agrave y cronifique, si no hacemos lo mínimo necesario para ello?
La falta de medios en SM es tal que el Plan para el TLP ni siquiera se ha presentado públicamente por la Dirección General de Salud Mental, pues no se puede llevar a cabo.
Los CSM están colapsados para tratar los PSM bien parametrizados, y ahí no está incluido el TLP, que es el más complejo y difícil de tratar y, por lo tanto, requiere mayor dedicación, además de formación específica. Esto es alarmante, ya que la desregulación emocional y los TP siguen en aumento entre los jóvenes y si no se tratan en primera instancia, o sea, en los CSM, vamos a tener algo así como una pandemia y, aunque no sean contagiosos, todos saldremos perdiendo.
Los políticos y las administraciones tienen la obligación de solucionar este problema, que han originado ellos por su falta de previsión, pues ni siquiera han creado suficientes plazas para cubrir las próximas jubilaciones; y por errar en las prioridades del gasto público, cuando, en SM, por cada euro no invertido después hay que gastar 4 euros para paliar el desastre, cuando el destrozo del paciente y de la familia ya está consumado.
Están desmantelando la Sanidad Pública y seguimos quejándonos en solitario en vez de unirnos y salir a «quemar las calles» para conseguir mejoras en la atención al TLP, así como al resto de PSM, que siguen creciendo como la espuma.
Pronto veremos si los recientes nombramientos de la consejera de Salud y de todos los altos directivos del SMS, incluida la directora general de Salud Mental, tienen como objetivo cumplir al 100% la Estrategia de Mejora de Salud Mental 2023-2026 e implementar en breve plazo y al 100% el Plan de Continuidad Asistencial en el Tratamiento del TLP” Si no lo consiguen, ¿vamos a seguir los familiares de personas con TLP y otros PSM de brazos cruzados?
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