Opinión | Erre que erre (rock ‘n’ roll)
El fenómeno de las WAGs
Las parejas de los futbolistas han dejado de ser figuras secundarias para convertirse en protagonistas de la moda, el marketing y la conversación digital

Georgina Rodríguez en el Mundial de Qatar. / RRSS Georgina Rodríguez
Pocos son los eventos dónde el planeta entero, a la misma hora, para las rotativas con intención de contemplar el fenómeno cultural global cargado de emoción y adrenalina que es un mundial de fútbol. La identidad colectiva está asegurada mientras se contempla un estadio repleto de tribalismo y euforia.
La ciencia respalda la idea de que el fútbol genera una gran carga hormonal: «Investigaciones, como las realizadas por la Universidad de Valencia, han demostrado que durante los partidos los niveles de testosterona y cortisol de los aficionados se disparan, de forma similar a lo que experimentan los propios jugadores».
Pero existe un dato de transformación muy a tener en cuenta, ya no solo se contempla a 22 jugadores corriendo tras un balón con intención de marcar gol en la portería del contrincante; antes, durante y después de los partidos, las gradas se transforman en auténticas pasarelas dónde el estilo y las redes sociales acaparan tantos reflectores como el juego en el campo. El marketing de tribuna se debe además al peso de la economía de creadoras y el negocio de la moda.
Mientras escribía, escuchaba Bad Reputation de Joan Jett & The Blackhearts como una declaración de principios que va fetén con el texto que pretendía compartir.
Seguramente hartas de ser las discretas compañeras de los jugadores, decidieron tomar el control de su propia narrativa.
El nuevo rol de las parejas del mundial, conocidas como WAGs, ha sido transformar el Mundial en un fenómeno de moda y marketing paralelo. Influencers, modelos y empresarias se exhiben a la perfección con el manejo de marcas personales tan lucrativas, o más, que las de los futbolistas, dominando las tendencias globales y la conversación digital durante los torneos.
El paradigma ha cambiado por completo, las ‘esposas de’ han dejado atrás el rol de simples acompañantes en la grada para brillar con luz propia. Y por supuesto, para variar, a menudo son criticadas por sacar provecho con el fatuo reproche de si su éxito y mérito profesional proviene de la proyección de su marido.
Cuando el rol de la mujer se limitaba al ámbito doméstico y de cuidado, invisibilizando sus propios logros, se cantaba la milonga retrógrada «detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer». Pues va a ser que las tornas han cambiado.
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