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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

No por cismáticos menos ignorantes

Entre tanta morralla en Youtube a veces te encuentras con pequeñas joyas, como Los Católicos, una película que trata del choque moral que supuso para muchas comunidades religiosas la doctrina de los Concilios Vaticano II y III. Es de 1973 y está protagonizada por un jovencísimo Martin Sheen y un actorazo del olimpo de los clásicos llamado Trevor Howard. Este último interpreta al abad de un monasterio que recibe la visita de un plenipotenciario enviado por el general de la orden con la misión de reconducir las veleidades tradicionalistas de la comunidad monacal, famosa mundialmente por seguir oficiando la misa en latín y de espaldas a los feligreses.

Resulta muy chocante la actualidad del tema, con la reciente excomunión de lefebvristas ordenada por León XIV. Supongo que por eso el algoritmo de YouTube la está enseñando a usuarios como yo, que me he interesado por asuntos como la herejía cátara o las tertulias en vida de San Josemaría Escrivá. El Opus sin ir más lejos también se aferraba en la misma época a la misa en latín y de espaldas al pueblo. Escrivá de Balaguer era tan poco partidario de la nueva doctrina del Vaticano de su época como los monjes rebeldes. El santo aragonés echaba pestes de la cúpula vaticana y de Pablo VI en particular.

Algo, lo de la misa en latín frente a las lenguas vernáculas, que en la película se defiende como algo practicado desde los tiempos de Jesucristo. Una chorrada histórica sin duda, dado que la fundación de la misa en la Última Cena, si nos atenemos al relato canónico, se tuvo que desenvolver necesariamente en arameo, el lenguaje de Jesús y del resto de habitantes de Judea en aquella época. Por lo demás, el lenguaje de la cristiandad primitiva, que se extendió con San Pablo de Oriente a Occidente, era el griego, idioma en el que están escritos los evangelios originales. La adopción del latín fue progresiva.

El papado encargó a San Jerónimo la versión vulgata de la Biblia a finales del siglo IV, precisamente para acercar los textos sagrados a la lengua vernácula de los feligreses de ese momento. O sea, al latín.

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