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Opinión | Noticias del Antropoceno

Petro y Pedro, dos caras de la misma moneda

Gustavo Petro, expresidente de Colombia, y Pedro Sánchez, presidente de España.

Gustavo Petro, expresidente de Colombia, y Pedro Sánchez, presidente de España. / Jordi Otix

Colombia es un país con una larga tradición de enfrentamientos armados entre facciones políticas opuestas. La paz social se sustentó durante muchos años en la alternancia entre la derecha conservadora y los liberales, hasta que entró en juego la izquierda y, por otra parte, la guerrilla y su secuela: la narco guerrilla. Todo iba más o menos bien hasta que un candidato de extrema derecha, con el apoyo en la segunda vuelta de la derecha tradicional, se erigió en vencedor de las elecciones presidenciales frente al candidato promovido por Gustavo Petro, el anterior presidente de izquierdas y exguerrillero él mismo.

El caso es que el respeto a la autoridad electoral y la aceptación del sistema democrático han brillado por su ausencia en estas elecciones. No por parte del candidato finalmente derrotado (que reconoció más o menos la victoria de su rival cuando correspondía) sino por parte del patrocinador y luminaria de la izquierda colombiana. Gustavo Petro. Este fulano, que es un clon latinoamericano de nuestro Pedro Sánchez, no ha dudado en poner en duda la limpieza de las elecciones con tal de mantener viva un tiempo más la esperanza de victoria para sus partidarios

La victoria de Abelardo de la Espriella, el candidato derechista, es indiscutible, aunque haya sido por una diferencia mínima. Eso agrava aún más el gesto de Petro y su cohorte de radicales, porque en una sociedad dividida en dos mitades de idéntico peso, hay que ser muy prudente para no dar pábulo a las teorías conspirativas y al enfrentamiento que las sigue.

Donald Trump ha descalificado varias veces a Gustavo Petro, en gran parte porque este aprovechó su inmunidad diplomática cuando asistía a la Asamblea General de la ONU para criticar en un discurso en plena calle al presidente de Estados Unidos y animar a la insurrección de los militares estadounidenses ante el genocidio israelí en Gaza. Pura estrategia electoral izquierdista (la de proponerse como némesis de Donald Trump), idéntica a la de su homólogo español. Una ola de extrema derecha recorre Latinoamérica y Europa. A mí personalmente no me gusta, pero las normas del juego democrático deben ser respetadas, incluso por la izquierda radical.

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