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Opinión | La Perdición

Julián Pérez Templado

El magistrado Julián Pérez-Templado

El magistrado Julián Pérez-Templado / Marcial Guillen / EFE

Como suelo hacer, he esperado casi un mes para escribir del fallecimiento de una persona que admiraba lo bastante. Hay muertos que desaparecen al día siguiente de nuestras cabezas, aunque los hayamos tratado a diario, y por el contrario hay muertos, como las novelas, "de largo aliento". Permanecen siempre realmente vivos, no "como si estuvieran vivos". Julián Pérez Templado, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia de Murcia. En sus últimos tiempos iba en silla de ruedas. Siempre me sorprende que algún nacido en un lugar tan extremo como Murcia (extremosidad que viene desde la situación geográfica al clima, pasando por las formas de ser) tuviera una balanza perfecta en su mente. Sí, templado. Lo que se viene conociendo como un juez de los de verdad. Condenó a alguno cuya moralidad respetaba hasta el momento en que lo condenó gravemente. Leyendo la exposición de este juez, rigurosa y ausente de gesticulación como un metrónomo en el piano, me di cuenta de mi inmenso error, caí del caballo. Tal como van las cosas en el país, vamos a ver poca gente tan capaz de impartir justicia como él.

Que 2 de cada 3 españoles crean, según la tan comentada encuesta, que en España existe lawfare, o que "algunos jueces toman decisiones guiadas por sus propias ideas políticas" y que solo un tercio considere esas decisiones "justas e imparciales" debería preocupar seriamente no solo al Poder Judicial, sino a cualquier demócrata. Se trata de un castigo muy injusto de la opinión, pues la inmensa mayoría de los 5.000 jueces españoles hacen su esforzado trabajo tratando de ser independientes. ¿Qué ha podido ocurrir? Se le puede echar la culpa hasta al empedrado, pero, si no queremos engañarnos deberíamos poner la vista en un corto número de jueces, algunos en la parte alta de la pirámide, que parecen esforzarse cada día en darles la razón a los opinantes, en perjuicio de aquella inmensa mayoría de verdaderos ‘profesionales de la imparcialidad’, como he oído decir a un buen magistrado.

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