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Opinión | Mujeres interesantes

María Martínez

Catedrática de Historia de la UMU

Juego de damas

Juego de damas

Juego de damas / L. O.

¿Jugamos a las damas? Recuerdo bien esta frase de adolescente. La vida comienza como un juego de niños en la infancia normalizada, que es ese tiempo sin tiempo donde lo lúdico es vital para humanizarse (homo ludens). Aunque el precedente del juego de damas, dicen, remonta a la antigua Roma, el inventor fue un francés del siglo XIX que colocó sobre un tablero de ajedrez fichas móviles ‘antropófagas’ y ‘xenófobas’. Damas blancas contra negras se ‘comen’ unas a otras, hasta que sólo una queda vencedora.

Es una enconada lucha femenina redonda. Como la que, en el cine, valga la comparativa, efectuaron dos grandes damas. La rubia blanca y aparentemente gélida Grace Kelly, elegante y virginal, y la negra, por morena, Ava Gadner arrebatadora y desvergonzada ("el animal más bello del mundo"). Ambas, dos grandes actrices, se enfrentaron en Mogambo (J. Ford, 1953) por un maduro y aventurero seductor, Clark Gable. Un juego de damas o, mejor, entre damas compitiendo por el trofeo: el Hombre. Recuerden (y si no vean la película), la pieza disputada era el viril cazador, guía del safari que organizó en Kenia para un joven y enamorado matrimonio norteamericano.

El cazador es cazado por la atracción fatal de la ingenua rubia que quiere rendirse en sus brazos. La otra, desenvuelta y libre, contrapunto de la inocente casada, ya conocía esos brazos amorosos. El indómito don Juan, seducido por la dulce pasión blanca, decide ponerse África por montera. Dos parejas de cine en las que sus respectivas mujeres juegan a ganar con sus armas personales. Gana la negra, la ‘mala’, revelada bondadosa (aunque el Óscar lo ganó Grace Kelly). Celosa y despechada, la Gadner rechaza al seductor Gable: "Ni tú ni nadie podrá darme un chaparrón para ponerme a secar", espeta. El macho reacciona ante la inesperada negativa y la hembra vuelve. El amor, o esa costumbre al decir de Unamuno, de tener la compañía tranquila de una persona al lado, es un lazo más fuerte que el deslumbrante y fugaz enamoramiento de una aventura imprevisible. Una tentación irresistible y prometedora, cinematográficamente hablando ahora. Arquetipos de dos damas inmortales, cuya vida real (una, aparente intachable princesa; otra, liberal y pasional) se asemeja algo a los papeles representados en la película referida.

El cine es vida porque permite vivir otra vida. Un juego de damas por la supervivencia en un mundo selvático. Un lance de ganar o perder, o de ambas cosas a la vez. El juego de damas no queda en tablas, como el del ajedrez. ¿Merece la pena jugar? Cada dama, blanca o negra, tiene su respuesta. La experiencia de haber jugado es importante. Aunque se corren riesgos. Avisadas quedamos.

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