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Opinión | LA NUEVA BUTACA

La costumbre hace la ley

El escaparate de una librería.

El escaparate de una librería.

La lectura de un cuento antes de ir a dormir se ha convertido en una necesidad para nuestros pequeños. Ángel y Luz emprenden cada noche su particular viaje al mundo de los sueños con una aventura diferente. Títulos como ‘Brujavelta’, ‘El vampiro Edelmiro’, ‘Inside Out 2’, ‘Un petit mot magique’, ‘He visto un pájaro carpintero’…

Como tantos otros niños, tienen sus cuentos favoritos que se saben de memoria y, si te equivocas en alguna palabra o expresión, te corrigen. La lectura antes de dormir marca siempre el fin de la jornada. Forma parte de sus rutinas y también de las nuestras. Da igual el día, la hora o el lugar.

Porque las rutinas son fundamentales para todos, especialmente para los más pequeños. Los hábitos adecuados contribuyen a que tengan seguridad y entiendan mejor el orden de su día a día. Por el contrario, sin hábitos claros, los menores pueden sentirse desorientados, tener cambios de humor y falta de autonomía. Con la rutina adquieren costumbres que raramente se pierden, al tiempo que contribuyen al bienestar emocional y físico.

En la clase de mi hijo Ángel han puesto en marcha este curso una iniciativa que me encanta: el ‘lectómetro’. Cada libro leído supone «avanzar un pasito hacia la Luna». Una propuesta fantástica para fomentar la lectura que, además, impulsa la comunicación, pues cada jueves llevaban a clase libros leídos para contarlos a los compañeros. Imaginad la emoción de mi hijo al querer llevarse todos los cuentos que hemos leído en casa... Tanto el ‘lectómetro’ como la lectura nocturna demuestran que los hábitos no nacen de una acción puntual, sino de la constancia en las pequeñas acciones.

Y todo esto hace preguntarme si las políticas culturales siguen el mismo camino o si, por el contrario, responden a otra lógica. Vuelve a convocarse el Bono Cultural Joven. «Para generar hábitos de consumo cultural entre la juventud», el Ministerio de Cultura concede 400 euros a los nacidos en 2008 (ya van varias ediciones). El bono, limitado por categorías y por importes, hay que gastarlo en un año. «¡Hay que darse prisa, que caduca!», apuntaban mis alumnos el pasado curso.

¿Un año para generar hábitos?

La cultura, como la infancia, precisa de más tiempo y menos prisa. La lectura, el interés por el teatro o los museos no nacen de impulsos puntuales, sino de repeticiones constantes. Como recuerda el refranero español, «la costumbre hace la ley».

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