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Opinión | La perdición

El murciano de guardia

Andrés Hurtado con el Sorolla que encontró en una calle de Sevilla.

Andrés Hurtado con el Sorolla que encontró en una calle de Sevilla. / Marcial Guillen / EFE

Hace unos días se conoció, a escala nacional, que un murciano de vacaciones en Sevilla, vestido efectivamente de turista, había encontrado un cuadro de Sorolla en la calle, y se lo había llevado a su casa. El lienzo había desaparecido de una exposición que se celebraba en esas fechas. Lo mejor era la explicación del paisano, inequívocamente murciana: pensó en quedarse el marco, que le gustó, y tirar la pintura del gran maestro de la luz levantina.

Seguramente le había parecido una de esas pinturas domingueras que amenizan las casas alquiladas por semanas en urbanizaciones playeras. Yo protesto. No por lo dicho por este buen hombre, sino porque los medios nacionales siempre saquen a su murciano de guardia -excepto si es algún tenista- en todos los sucesos digamos ‘refrescantes’ ambientados con unas risitas de fondo.

La figura del murciano, y no digamos si lo dejan hablar con el caramelo en la boca, le sirve de toda la vida a los medios nacionales para marcharse una de condescendencia, como el personaje involuntariamente cómico sirve en las obras de teatro como punto de fuga de la seriedad.

Hubo una ministra socialista, Rosa Conde, que hablaba del "señor del burro de Murcia" como arquetipo de atrasado patrio. ¡Hubo ministra socialista dando lecciones de exquisitez! No puedo decir que los murcianos no confirmemos continuamente con creces esa visión que tienen los de fuera, pero hay cosas mucho más ridículas. Por ejemplo, nacionalistas gallegos tristísimos que van de figuras providenciales para España.

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