Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN
Guillén y la verdad del día después
El primer teniente de alcalde de Murcia pidió reprobar al portavoz de PSOE por ‘mentir’, pero descubierto que quien mentía era él no admite consecuencias

La alcaldesa de Murcia no va a cumplir mañana el ultimatum del PSOE, pero algo tendrá que hacer. / Leonard Beard
«La crítica política es legítima, pero la mentira no». Frase para esculpir en el frontispicio, extraída del comunicado del PP para desmentir al portavoz municipal del PSOE, Ginés Ruiz Maciá, quien denunció que trabajadores de la empresa concesionaria del servicio de Parques y Jardines, bajo la tutela del primer teniente de alcalde, José Guillén, habían sido reclamados para hacer bulto en un acto público protagonizado políticamente por éste. Esto, tras que en el comunicado se afirmara de manera taxativa y con reiterado énfasis que ningún trabajador había asistido al acontecimiento, por lo que planteaba la reprobación del portavoz socialista, quien habría difundido una mentira.
Pero a la mañana siguiente, La Opinión publicó los whatsapp que contenían mensajes de ejecutivas de la empresa que pedían a los trabajadores que abandonaran sus tareas, se marcharan a casa, se cambiaran de ropa y acudieran a las conferencias en sus propios vehículos, junto a audios en que algunos empleados mostraban su fastidio por tener que seguir esas indicaciones. Y, ya, Guillén, en una comparecencia a media mañana previamente programada para publicitar una de sus actividades, tuvo que desmentir el propio comunicado del PP, emitido la tarde anterior y muy probablemente redactado por él mismo, pues estaba bien claro que un número aún indeterminado de trabajadores había ocupado butacas del Auditorio Regional, donde tuvo lugar la jornada del Murcia Smart City Talent.
Es decir, «no había ni uno», como afirmó el día anterior, sino muchos, algunos de los cuales podrán ser identificados en el vídeo en que la propia web municipal daba cuenta del acto.
¿Quién mintió aquí?
Así que deberíamos volver al concepto esculpido en el frontispicio: «La mentira, a diferencia de la crítica, no es legítima en política». Pero Guillén no se aplicó su propia doctrina, sino que atribuyó a la empresa la responsabilidad del reclamo y en vez de anunciar un expediente a la misma por conminar a los trabajadores a que abandonaran de inmediato sus faenas para que acudieran al acto, justificó el hecho por el interés que para ellos tenía el contenido de la jornada sobre tecnología aplicada a los servicios públicos. Esa lógica parece sobrevenida, pues si realmente hubiera existido un interés en la formación de estos trabajadores, bien la empresa o bien la propia concejalía les habría cursado una invitación en tiempo y forma en vez de llamarlos con urgencia, ya mediado el programa sobre Smart City, mientras trabajaban en los jardines. Aparte de que el empleado que se quejaba de que en ese momento estaba impregnado del polvo de una platanera tal vez tendría escasa motivación para escuchar, pongo por caso, que su trabajo de poda será realizado en el futuro por un robot.
Figurantes no, pero sí
Pero ya puesto a intentar sacar los pies del charco, Guillén pretexta que la jornada contaba con cientos de inscritos, incluso hasta desbordar aforo, y no precisaba de figurantes. ¿Dónde se ubicaron entonces los empleados de Parques y Jardines que finalmente ha tenido que reconocer que asistieron? ¿Y por qué si estaba justificado que acudieran al Auditorio durante su jornada laboral se les indicó que dejaran en casa su traje de faena precisamente para no ser identificados como empleados de un servicio tan interesado en lo que allí se hablara? Como argumento definitivo, el teniente de alcalde asegura que su intervención en el acto fue matinal, horas antes de que los trabajadores recibieran los mensajes para que se desplazaran a la escucha de los intervinientes, pero en uno de esos mensajes se les indica que esperen hasta el final, cuando se producirá la entrega de unos premios por el concejal.
La empresa y su comité
La empresa, visto que algo tendría que decir, emitió un comunicado para dejar implícito que la iniciativa había sido suya, sin haber recibido indicaciones del concejal, un gesto que puede suponerse, ya que su contrato con el Ayuntamiento se extiende durante tres años de prórroga, circunstancia que tal vez no sea la más adecuada para incomodar a quien tendrá, más tarde o más temprano, que convocar un nuevo concurso. Por su parte, el comité de empresa, en vez de denunciar la anomalía consistente en la conversión de los trabajadores en público de un programa de televisión, con la racanería de no repartirles el bocadillo, lanzó también un comunicado ritual («acudieron voluntariamente», dicen), sin duda condicionado por la misma circunstancia de la empresa, sufriendo la vergüenza de que previamente la sección de Servicios Públicos de UGT hubiera emitido un duro comunicado en que exigía que se depuraran responsabilidades en el Ayuntamiento de Murcia por estos hechos. Pobre comité de empresa, que tiene que soportar que a los trabajadores a los que le correponde defender reciban amparo sindical desde fuera.
Periodistas preguntones
Por si fuera poco, Guillén traslada a los medios de comunicación la responsabilidad del escándalo. Tras la rueda de prensa del pasado jueves sobre el inicio de las obras del nuevo corredor verde de la calle Puerta Nueva, se quejaba de que hubieran acudido más periodistas que a otros actos que él juzga interesantes para la ciudad, y que lo hicieran desplazando el interés de sus preguntas hacia el caso Parques y Jardines. Esta es otra de sus constantes: dar lecciones sobre lo que la prensa debe o no debe hacer respecto a él. Pero esto es mal de muchos. Lo que resulta singular es que si Guillén ha aparecido siempre como el contrapunto de las buenas maneras de Ballesta, aquél dispone a su vez de un ayudante de campo, Miguel Ángel Pérez, cuyas acciones, autorizadas por el concejal, le sirven después para intentar recomponerse con la prensa, atribuyendo a Pérez decisiones que dice no compartir, pero que en la práctica no desautoriza. Pérez es de esos que te lanzan sonrisas y te extienden la mano, la misma con la que elabora dossieres para los editores de los medios con la sana intención de que te corten la cabeza.
Sin aprender de la experiencia
Guillén no ha entendido nada. No ha entendido que ya a su excompañero de Corporación Roque Ortiz le costó el cargo, similar al que ahora ejerce él, la simple insinuación sobre instrumentar a los trabajadores de las empresas concesionarias. Y en aquel caso solo fue una insinuación; él ha pasado a la acción, como ponen de manifiesto los testimonios y evidencias hasta ahora conocidos. Por lo visto, el ejercicio del poder, sobre todo cuando se hace ya casi inabarcable, no ayuda al aprendizaje sobre malas experiencias anteriores; por el contrario, parece que impulsa a repetirlas con más ahínco.
El enredo es aún mayor de lo que los hechos constatan, pues a la contundencia de éstos se añade que el número dos del gobierno municipal mintió con plena conciencia de que mentía al atribuir mentiras a quien decía la verdad. Y si aseguraba que ‘la mentira’ del socialista Ginés Ruiz Maciá merecía la reprobación en pleno municipal, una vez desvelado que él fue quien mintió, implicando además a las siglas de su partido en un comunicado oficial, ¿no debería reprobarse a sí mismo aplicando su propia medicina?
Recurriendo a la hemeroteca he confirmado el motivo real por el que, tras muchas resistencias, dimitió Roque Ortiz a causa de una información también publicada por La Opinión. La clave fue una frase del presidente regional del PP, Fernando López Miras, quien preguntado acerca de aquel caso, afirmó: «Si Ortiz perteneciera a mi Gobierno lo habría destituido de inmediato». Fue un mensaje claro para el alcalde Ballesta. En este caso, tales palabras o insinuaciones no se han producido. Todavía. Pero si Ortiz cayó por menos no se entendería otra salida en el caso de Guillén. Puede pretextar que él no aparece en ningún audio dando instrucciones a la empresa de Parques y Jardines, como no hay registro de que Pedro Sánchez tuviera nociones de las actividades de Leyre en su favor, pero tal cosa obligaría a poner en suspenso la inteligencia ajena.
Algo tendrá que hacer Rebeca
Ruiz Maciá lleva este caso con gran tranquilidad y sosiego, sin aspavientos ni sobreactuaciones. Tras denunciar públicamente el caso, lo comunicó a la alcaldesa, otorgando a ésta la autoridad moral de su criterio, sin implicarla en las actuaciones de Guillén, pero al no recibir respuesta de Rebeca Pérez, le ha dado un plazo: si mañana, lunes, no destituye al Dos, su falta de reacción política significará un principio de complicidad, y esto legitimará al PSOE para atribuirle responsabilidad compartida en los hechos que ha denunciado, constatados en pruebas.
Es obvio que aunque no fuera por falta de ganas, la alcaldesa no va a destituir a Guillén, al menos precisamente mañana, pues el propio requerimiento de los socialistas es el primer obstáculo para que lo hiciera aun cuando sea consciente de la gravedad del asunto. Pero algo tendrá que hacer. Quien decía venir a ayudarla y protegerla le ha echado la primera soga al cuello. Además, Guillén forma parte, como ella, del núcleo duro de Ballesta, y es una pieza principal de la gestión municipal. El propio teniente de alcalde, que no deja de referirse al ‘legado de Ballesta’ como si fuera su intérprete, y ya sin que su mentor pueda, como hacía con frecuencia, tirarle de las riendas, se ha atribuido un valor simbólico que parece blindarlo ante la alcaldesa, en cuya trayectoria política no se aprecia la toma de decisiones radicales. Un marrón, sin duda, pero nadie le dijo que gobernar Murcia fuera fácil, y menos con algunos lobos echándole el aliento. ¿Tal vez esperar a una declaración sutil de López Miras para, como en el otro caso, tomar la inevitable decisión?
Fuentes cercanas a San Esteban me soplaron antes de la toma de posesión de Rebeca Pérez que el presidente le dijo: «A mí no tienes que consultarme nada de lo que vayas a hacer. Actúa con tu propio criterio y con libertad». Pero ocurre que el miedo a la libertad es un concepto acuñado desde Erich Fromm. A pesar de esto, debió tomarle la palabra, pues evitó, cuando todavía estaba en funciones, emitir un decreto en el que Guillén se nombraba vicealcalde. Ha acabado siendo primer teniente de alcalde, que para el caso es lo mismo, pero al menos no luce la baronía, y esto, aunque parezca leve, es un dato sobre la actitud de Rebeca Pérez.
Fin de un ciclo
Lo que Guillén tampoco ha entendido, y probablemente Rebeca no del todo, es que su ciclo político en el Ayuntamiento de Murcia concluyó con Ballesta. El tándem poli bueno-poli malo no tiene razón alguna de ser con una alcaldesa de nuevo perfil, que no precisa de protectores que se protegen a sí mismos ni de concejales cuya autoconcepción de ‘servir al bien’ parece legitimarlos para hacer de sus capas sayos. Otra regla para frontispicio, que no apareció en el comunicado del PP: «La mayoría absoluta puede ser un bien si se administra con mesura y transparencia».
(Por cierto que albergo serias dudas sobre si los portavoces oficiales del PP conocían la exacta literalidad del comunicado, incluso si pasó por la lectura de la alcaldesa, que a la hora en que fue emitido estaba en el monte siguiendo la evolución del incendio en Los Garres).
No debo concluir sin apuntar otra obviedad: Guillén es un político válido, eficaz, currante, capta ideas, las pone en práctica con rapidez, tiene determinación, un concepto de ciudad, dispone de entrenamiento y un largo etcétera de cualidades para la acción política. Pero en su revés, que estropea todo lo anterior, está la dificultad para crear equipos estables, la falta de contención, una propensión al ego y, como ahora se ha visto, escasos escrúpulos para atender a reglas siquiera sea en asuntos que él podría calificar de secundarios. Aparte de que detrás de su afabilidad esconde peligro, un rasgo derivado deuna sentimentalidad que se suele desbordar, para bien o para mal: cuando es lo primero, puede resultar hasta tierno; cuando para lo segundo, mejor no permanecer a su alcance.
Lo claro es que en esta fase postBallesta está desubicado, y ya sus maneras generan más ruido que armonía. Lo sensato sería que el PP lo destinara a una plaza donde pudiera aplicar sus capacidades para la gestión con menos estruendo, evitando a Rebeca Pérez el calvario de atravesar un año cabalgando conflictos innecesarios. Esto, o blanquear la anomalía.
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