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Opinión | Noticias del antropoceno

El nutrido gremio de los tontos útiles

Después de la caída del fascismo y el nazismo, el comunismo bajo las órdenes de Stalin y la égida de la Unión Soviética quedó como la única ideología totalitaria superviviente. El estalinismo fue un prodigio de manipulación de las mentes y descubrió inmediatamente que la gente de la cultura era especialmente sensible a los halagos, al dinero y, al contrario de lo que se podría esperar de un intelectual, totalmente permeables a la manipulación. Estos miembros de la élite artística y cultural ejercían de influencers antes de que este término se popularizara (y trivializara) gracias a las redes sociales. Los soviéticos descubrieron con los Sartre de turno o los integrantes del grupo de Bloomsbury que los intelectuales se prestaban entusiasmados a hacer la vista gorda con sus gulags, sus juicios espectáculo y sus millones de represaliados. Los compañeros de viaje o los tontos útiles, que de las dos formas fueron calificados cuando cayó el telón del estalinismo a manos de los propios dirigentes soviéticos, hicieron tal papelón que nadie podía esperar que actores o directores de cine contemporáneos heredaran tamaña estulticia y ceguera.

¿Qué diría en este momento García Márquez, el amiguísimo de los hermanos Castro y defensor a ultranza de la dictadura caribeña contemplando a los actuales dirigentes empeñándose en gobernar con mano férrea sobre la miseria de su pueblo mientras que disfrutan de los réditos que les proporciona a sus fortunas la gran monopolio estatal de GAESA? ¿No se les caerá la cara de vergüenza a los de la ceja cuando ven a su ídolo acumulando riquezas sin cuento fruto de las comisiones generadas a costa de la miseria de los venezolanos, oro y joyas incluidas? ¿Por qué nos debemos de tragar cada año en la entrega de los Goya esa exhibición obscena de pancartas y proclamas sin fuste?

Y es que podrán ser buenos actores y directores, pero nadie les ha pedido ni quiere oír unas opiniones que ellos expresan con el exclusivo fin de excitar a la mitad de su público mientras desprecian gratuitamente las sensibilidades y forma de pensar de la otra mitad. Sus obras los salvarán con el tiempo, pero sus opiniones de parvulario ahora nos causan profundo sonrojo.

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