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Opinión | Mujeres interesantes

María Martínez

Joaquina, la escobera

Las nuevas generaciones no han visto escobas en sus casas, hechas con un palo de caña y fibra natural. Artesanía pura. Servían para barrer la vivienda, matar ratones, limpiar el trozo de calle. Me chiva internet que un granjero de Massachusetts la hizo con hojas de sorgo para su hacendosa mujer a finales del siglo XVIII, y en 1810 ya se fabricaba de forma industrial.

La escoba ha estado ligada al ámbito doméstico femenino; ahora la ‘rumba’ no tiene sexo, se le da a un botón y limpia mientras se realiza otro menester. En mi infancia el cuento de La Ratita Presumida venía en la portada con una escobilla de juguete; también una diversión de las ferias populares era quitarle desde el vagón del tren la escoba a la bruja (femenina) aunque debajo de la careta había un varón.

Las escobas se vendían normalmente en las llamadas droguerías, aunque había venta ambulante, como la que me cuentan que llevaba a cabo una conocida escobera murciana. Era Joaquina , la Escobera, que deambulaba por las calles de Murcia a principios de los setenta. No sé si las pocas escobas que llevaba las hacía ella o simplemente las compraba a los frailes del monasterio de la Luz (que también fabricaban chocolate). En cualquier caso, esta mujer desaliñada, alta, con falda negra larga, con su soniquete inconfundible de buena mañana voceaba su actividad: «La Escobera», repetía. Los entonces estudiantes de la residencia Aguirre, en los alrededores del Rollo, oían su pregonada presencia, sobre todo cuando en las calurosas primaveras abrían las ventanas para dormir después de haber estado algunos estudiando hasta la madrugada. Son sonidos del ayer, mezclados con otros extintos que resuenan en memorias añejas, como el del afilador, o el del organillo.

Como Joaquina la escobera había otras muchas mujeres pobres que se ganaban como podían la vida. Hasta en épocas remotas en que creemos que la mujer sólo se dedicaba a sus labores (hogar y crianza) hubo oficios muy feminizados que tenían que ver con la alimentación (panaderas, vendedoras ambulantes de frutas, hortalizas y verduras), vestido (tejedoras, sederas), el nacimiento (parteras y nodrizas), asistencia a enfermos y a la muerte (plañideras y amortajadoras). Sorprende saber que una mano de obra femenina también participaba en otros oficios, caso de la construcción de viviendas como albañilas. Esperemos que no haya que construirse la propia casa, como antes muchas familias hicieron, dado el acuciante problema existente.

Reivindíquese la escoba, símbolo de formación profesional con futuro, para bajar las cifras del elevado paro juvenil. «Si yo tuviera una escoba… cuantas cosas barrería», decía el estribillo de aquella canción. Metáfora dicha por políticos antagónicos. Mejor aspiradora de zapa contramuros. Ya me entienden.

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