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Opinión | Tribuna libre

Nada cambia

Los nervios y dudas no solo están en los jóvenes estudiantes

Un momento de la PAU del año pasado en Murcia

Un momento de la PAU del año pasado en Murcia / Juan Carlos Caval

Uff que nervios, esto de la Selectividad (PAU) trae de cabeza a muchos jóvenes en la Región, con una mezcla de ilusión y de esperanza. En cada examen no solo se juegan una nota, se juegan la puerta. La puerta de entrada la carrera soñada, de la vocación imaginada desde hace años, de ese futuro que las familias acompañan con sacrificio, y en numerosos casos con los gastos de academias.

Después llegará la calificación. Y con ella, para unos la alegría de alcanzar el corte; para otros, la decepción de quedarse a unas décimas y tener que replantearse el rumbo a otra universidad, otra carrera, otra vida académica o simplemente «begin de begin». Conviene recordarles que una nota no mide todo el talento, ni una puerta cerrada cancela una vocación. Pero no estaría mal preguntarnos qué sociedad construimos cuando convertimos los estudios en una carrera de obstáculos y, después, no somos capaces de cuidar a quienes consiguen llegar.

El caso de Medicina, año tras año, es una de las titulaciones que más puntuación exige. Entran los mejores expedientes, sin embargo, muchos descubren después que la profesión a la que accedieron con tanto esfuerzo no siempre compensa en términos humanos: presión asistencial, guardias agotadoras, horarios difíciles, burocracia creciente y, demasiadas veces, falta de reconocimiento e incluso insultos y agresiones. No todo es cuestión de dinero. También importa el respeto por la dedicación, la posibilidad de conciliar, la estabilidad y la dignidad profesional. Es paradójico, pues mientras exigimos notas altísimas para formar médicos, luego no somos capaces de retenerlos, ya que muchos terminan marchándose a otros lugares donde encuentran mejores condiciones, menos saturación y mayor valoración profesional. La llamada ‘fuga de cerebros’ no empieza cuando se «hace la maleta», sino cuando el sistema le demuestra que su esfuerzo no tendrá la recompensa esperada.

En la Región de Murcia el problema con la sanidad se agrava cada verano. En vacaciones, las plazas difíciles de cubrir y la presión sobre determinadas áreas sanitarias obligan a improvisar soluciones. Las áreas de Cartagena y Lorca conocen esa tensión, que pasa por la falta de especialistas, con la acumulación de pacientes, dando la sensación de provisionalidad. Cuando no hay suficientes médicos disponibles, la sanidad pública se ve forzada a contratar con urgencia, a reorganizar servicios y, en ocasiones, a cubrir huecos con profesionales que no siempre tienen el perfil más adecuado para determinadas necesidades asistenciales.

Todo esto ocurre en un momento políticamente delicado, con el rastro de un escándalo que ha sacudido el Servicio Murciano de Salud, tras una investigación por una presunta trama que habría desviado cerca de 7 millones de euros mediante material sanitario no autorizado, caducado o con grandes sobrecostes. Hecho que ha derivado a la remodelación del Gobierno regional —en materia, entre otros, a la sanidad- anunciada por López Miras.

¿Se trata de cambiar políticos, -sin duda necesario-, o más bien de políticas, donde haya más controles y prioridades?

Los nervios y dudas no solo están en los jóvenes estudiantes; ¿Volveremos este verano a ver plazas sin cubrir y déficit de personal en el Área II y III de Salud de la Región de Murcia?, No sé… De momento suena la canción de MGMT:Nada cambia.

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