Opinión | Pulso Político

Diputada del Grupo Mixto en la Asamble a Regional
La Rosa Nostra

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este viernes a su llegada a un acto en el Instituto Cervantes. / ZIPI ARAGON
Una semana más volvemos a ver como los gerifaltes de esa "Organización Criminal" que es el Partido "Socialisto" (nada) Obrero (y menos) Español, convierten el dinero de los contribuyentes en patrimonio personal, mientras despistan a sus víctimas impartiendo lecciones magistrales de ética, moral y solidaridad desde las tribunas.
El catálogo de sospechosos habituales de esta organización criminal es más esperpéntico que el reparto de una película de Torrente: Koldo, el portero de puti-club reconvertido en asesor ministerial; Ábalos, el enamorado que colocaba a sus "sobrinas" en puestos de la administración; Cerdán, el secretario-repartidor; Leire, la fontanera sin IVA… Y, ahora, Zapatero, el mediador, el "eterno emisario de la paz bolivariana", que viajaba constantemente al Caribe comunista demostrando que la solidaridad con las dictaduras de chándal y miseria se entiende mucho mejor cuando hay de por medio joyas, billetes y maletines marca Delcy. Porque, como ya dijo él mismo, "ser socialista es tener poco, pero dar mucho". De ahí los rescates "Plus Ultra", contrabandos de petróleo y oro… y vaya usted a saber cuántas cosas más. Y todo ello bajo el patrocinio de "Whathefav", porque Alba y Laura no lloran, Alba y Laura facturan.
La doble moral ha alcanzado cotas insuperables con los que firmaban leyes de abolición de la prostitución pasando las noches a lo Tito Berni, con prostitutas de seis en seis. Nos confinaron en casa mientras ellos se forraban con las mascarillas y se iban de Paradores con mucha "alegría". Para los ciudadanos de a pie, impuestos, inspecciones y multas; para los dirigentes, barra libre y desenfreno.
Y en el centro de todo, el "Número 1", Pedro Sánchez, que asiste imperturbable al desfile judicial de su gobierno y su entorno familiar. Por un lado, su mujer, atrapada en investigaciones sobre cartas de recomendación a empresas y cátedras universitarias conseguidas por arte de magia institucional. Por el otro, el hermano músico, con una sinfonía laboral y fiscal compuesta entre la Moncloa y Portugal, sin pasar por Extremadura.
Hemos tenido un apagón nacional, un descarrilamiento de trenes y varias inundaciones; todos ellos mortales y todos ellos evitables si el dinero, en vez de ir a sus bolsillos, hubiera ido a las infraestructuras energéticas, hidráulicas y ferroviarias de nuestro país. Pero aquí no dimite nadie y siguen consiguiendo votos.
Gobernar a golpe de decreto ley y renunciar a aprobar unos Presupuestos Generales, obviando al Parlamento, se ha convertido en la norma. Y el asalto al Estado de Derecho se complementa con procesos de regularización masiva de inmigrantes ilegales, para acelerar su nacionalización, en un claro intento de alterar el censo electoral para fabricar un nuevo granero de votantes.
Para blindar este ecosistema de impunidad, la estrategia pasa por mantener las tupidas redes clientelares tejidas durante décadas, porque un estómago agradecido rara vez hace preguntas incómodas. Y también pasa por la demolición sistemática de la separación de poderes, colonizando la Fiscalía, el Tribunal Constitucional, los medios de comunicación y cualquier institución que pueda comprometer su negocio.
La historia nos recuerda que el presente no es una anomalía, sino la evolución natural de un método inscrito en el ADN de las siglas "PSOE". Quienes hoy se escandalizan ante las portadas de los periódicos parecen haber olvidado que las bases de este sistema de generosidad con lo ajeno se sentaron hace tiempo. Los adoradores del socialismo harían bien en repasar los tiempos de Luis Roldán, Juan Guerra, o los ERE, donde cientos de millones de euros de los parados se destinaron a mariscadas y a juergas para los sindicatos y amiguetes. Porque el dinero público —ya lo advirtió María Jesús Montero— "no es de nadie". Y ante la falta de dueño, siempre ha habido un socialista dispuesto a darle cobijo.
Estamos hartos, muy hartos, pero para acabar con el socialismo no basta con la indignación de bar; es imprescindible la unión de todos aquellos ciudadanos y fuerzas políticas que no comulgan con la izquierda. Sin embargo, el principal obstáculo para esta alternativa está en la miopía de los políticos de centro-derecha. España necesita con urgencia un nuevo líder que piense realmente en nuestra nación y no en competir mezquinamente por ver quién lidera la oposición y quién es la oposición de la oposición. Mientras la alternativa continúe dedicándose al canibalismo político y a las batallas de ego, el socialismo seguirá intacto. Ya va siendo hora de entender que el adversario está a la izquierda, y que el tiempo se agota.
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