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Opinión | Pulso Político

Gonzalo López Pretel

Portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Cartagena

Por sus actos los conoceréis

Reunión de los 14 concejales que han firmado la moción de censura al Gobierno de Noelia Arroyo en Cartagena

Reunión de los 14 concejales que han firmado la moción de censura al Gobierno de Noelia Arroyo en Cartagena / L.O

Fue Jesucristo un profundo conocedor de la condición humana. En el Evangelio de San Mateo encontramos una de esas enseñanzas que han sobrevivido dos mil años porque describen una verdad que no cambia con el tiempo. Frente a quienes se esconden tras discursos grandilocuentes o aparentes muestras de virtud, el Maestro dejó una advertencia sencilla: "Por sus frutos los conoceréis".

Pocas sentencias resumen mejor la política de las últimas semanas en Cartagena.

Los ciudadanos han asistido atónitos a un espectáculo difícil de explicar desde la coherencia y fácil de comprender desde el interés personal. Hace apenas un par de semanas, dos concejales defendían públicamente la continuidad del Gobierno municipal. Poco después firmaban una moción de censura para derribarlo. Y apenas unos días más tarde retiraban su apoyo a esa misma iniciativa alegando razones que ya existían cuando decidieron impulsarla.

Los hechos son tozudos

Quienes ahora justifican su marcha atrás asegurando que no querían facilitar la llegada del PSOE al poder conocían perfectamente la realidad política nacional cuando firmaron la moción. Los casos que afectan al entorno de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Koldo García o Santos Cerdán no han aparecido de repente en la última semana. Si esos motivos eran suficientes para rechazar una operación política, también lo eran cuando decidieron respaldarla.

Pero existe una contradicción aún más evidente. Cuando justificaron la moción de censura no solo hablaron del PSOE. También describieron un Ayuntamiento sumido en una gravísima crisis económica y de gestión que, según ellos, hacía imprescindible un cambio de rumbo. Presentaron la situación como tan insostenible que exigía desalojar al Gobierno municipal de manera inmediata.

Sin embargo, hoy pretenden convencer a los cartageneros de que esa situación ya no requiere ninguna actuación extraordinaria. ¿Qué ha cambiado exactamente en apenas unos días? ¿Se han saneado de repente las cuentas municipales? ¿Han desaparecido los problemas de gestión que denunciaban con tanta contundencia? Evidentemente no. La realidad del Ayuntamiento es la misma que era cuando firmaron la moción.

La única diferencia relevante es que Vox ha sido expulsado del Gobierno local. Y cuesta creer que el cese de dos concejales tenga la capacidad milagrosa de resolver de un plumazo todos los males que ellos mismos atribuían al Ayuntamiento. Si la situación era tan grave como afirmaban, sigue siéndolo hoy. Y si ya no lo es, alguien tendrá que explicar por qué describieron entonces un escenario tan alarmante.

Por eso resulta difícil aceptar las explicaciones ofrecidas a los cartageneros. Cuando los argumentos cambian en cuestión de días y los hechos permanecen inalterables, los ciudadanos tienen derecho a sospechar que existen motivaciones distintas de las oficialmente declaradas. Motivaciones que quizá no se cuentan en las ruedas de prensa, pero que ayudan a entender decisiones que, de otro modo, resultan sencillamente incomprensibles.

La política democrática se basa en la confianza. Los ciudadanos no exigen perfección a sus representantes, pero sí esperan una mínima coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Cuando las palabras cambian de significado según las circunstancias y los principios parecen adaptarse a la conveniencia del momento, la confianza pública se erosiona inevitablemente.

Más preocupante aún es el papel asumido por la alcaldesa, que ha optado por sostener su mayoría apoyándose en dos concejales cuya actuación ha sido el principal factor de inestabilidad política en las últimas semanas. Es una decisión legítima desde el punto de vista legal, pero profundamente cuestionable desde el punto de vista político. Gobernar gracias a quienes han demostrado semejante volatilidad puede garantizar la continuidad en el poder, pero difícilmente fortalece las instituciones.

El tiempo terminará poniendo cada cosa en su lugar. Siempre lo hace. Las declaraciones se olvidan, las ruedas de prensa desaparecen y los titulares pasan. Lo que permanece son los hechos.

Y los hechos, en este caso, son conocidos por todos los cartageneros. Dos concejales apoyaron un Gobierno, después intentaron derribarlo y finalmente regresaron a sostenerlo. Todo ello en cuestión de días.

San Mateo escribió que un árbol bueno no puede dar malos frutos ni uno malo dar frutos buenos. Dos mil años después, la enseñanza conserva intacta su vigencia. Porque las personas pueden cambiar de discurso, de estrategia o de aliados. Lo que resulta mucho más difícil es escapar al juicio que dejan sus propios actos.

Las máscaras han caído. Por sus frutos, Cartagena ya los ha conocido.

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