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Opinión | Noticias del antropoceno

Un vergonzoso 10% de desempleo

La perspectiva oficial teñida de optimismo es que el paro en nuestro país se estabilizará en el 10%. De ahí, afirman los estudios, no bajará, aunque la economía a nivel macro siga yendo bien. Eso significa que nuestro país acepta de una forma natural el doble de paro que el resto de los países que forman parte de la OCDE. A todos los que aspiran a ganar las elecciones se les llena la boca con lo de alcanzar el pleno empleo, pero todos admiten a la postre que el pleno empleo en España (o lo que se denomina paro técnico) está al menos cinco puntos por encima de lo que se considera normal en cualquier país de nuestro entorno. La causa es el ecosistema laboral que integra a los agentes económicos y a sus respectivos derechos y obligaciones.

No es casualidad que España tenga el paro más generoso de la OCDE. Cada tres años cotizados, un trabajador español tiene derecho a un año de paro. Y si ha tenido suerte y ha estado cotizando seis años, por ejemplo, se llevará una buen paquetón de dinero como indemnización y podrá vivir del paro los dos años máximos que fija la ley. No hay cifras estimadas de lo que supone el número de trabajadores que prefieren no buscar trabajo, al menos durante un tiempo, pero aventuro que el número debe ser alto. La cosa no sería grave si no estuviera archidemostrado que una persona que no trabaja va perdiendo facultades. Si la prestación fuera más corta, los parados tendrían un incentivo mayor para formarse en las nuevas habilidades demandadas por las empresas y volver al mercado de trabajo con una motivación renovada.

Las indemnizaciones y un paro tan generoso impulsan una corruptela típica de nuestro ecosistema laboral que ha conocido cualquiera que haya sido empresario: la del trabajador que le pide negociar un falso despido para beneficiarse del paro. Esa petición del trabajador a menudo se suele acompañar con la amenaza de pedir la baja por depresión si no se aceptan sus condiciones. Esta lacra, unida al absentismo laboral y a las bajas médicas por una enfermedad mental, hacen del ecosistema laboral de nuestro país el más corrupto y disfuncional del planeta.

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