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Opinión | Pulso Político

Joaquín Segado Martínez

Joaquín Segado Martínez

Vicesecretario de Organización, Comunicación y Electoral del PPRM

Vicesecretario de Organización, Comunicación y Electoral del PPRM

Zapatero, origen de la degradación y la corrupción del sanchismo

Jose Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de España.

Jose Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de España. / L. O.

Este periodo de degradación institucional y política que se da en llamar sanchismo ha marcado nuevamente un hito negro y vergonzoso para la historia reciente de España: por primera vez en la democracia, un presidente del Gobierno ha sido imputado por corrupción. En concreto, por apropiación indebida, tráfico de influencias nacional e internacional, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Y lo que es más grave de todo: por presuntos delitos que no se hubieran podido llevar a cabo si no hubiera sido con el concurso del Consejo de Ministros de Sánchez.

José Luis Rodríguez Zapatero no ha sido un presidente más. Se le sigue presentando desde el PSOE como el faro ético del socialismo español y líder espiritual e ideológico de Sánchez. Ha ejercido además de muñidor de esa coalición Frankenstein que ha llevado al sanchismo al poder y, aunque pendiente de un hilo, le sostiene en él para seguir sacando provecho de su debilidad.

En cualquier caso, no podía ser otro que Zapatero. Porque con él empezó todo: inauguró la política del muro imponiendo un cordón sanitario contra media España, utilizó la Guerra Civil como trinchera para confrontar, alentó la polarización y blanqueó a los independentistas e incluso a un partido que sigue justificando los crímenes de una banda terrorista. Es decir, emprendió una nefasta obra basada en romper los consensos de la Transición y fomentar la división entre españoles, que Sánchez está continuando y perfeccionando. Su talante era una máscara, una tapadera de la peor corrupción: la que degrada la democracia y socava a la Nación.

Además, ya como expresidente, ha dado legitimidad a una narcodictadura como la venezolana, ha mercadeado con el sufrimiento de sus presos políticos y hace de peón de la tiranía china en Europa. No es de extrañar que con semejante historial haya terminado siendo investigado por la Justicia.

Solo hay que leer el auto del juez Calama, por lo demás absolutamente demoledor, para darse cuenta de que, sin el Consejo de Ministros de Pedro Sánchez, Zapatero no habría podido cometer esos supuestos delitos de los que se le acusa. Por cierto, ni tampoco Ábalos. Ni Santos Cerdán. Ni su entorno. Nadie. Y esa es la clave de todo.

Zapatero y Sánchez se necesitaban: el primero, el poder del Gobierno central para enriquecerse; el segundo, al mediador para mantener viva esa mayoría que le pudiera mantener en el poder. Zapatero no estaría imputado si Sánchez no hubiese puesto el Ejecutivo a su servicio.  En realidad, la organización criminal que se investiga es la de Zapatero, es la de Sánchez, es la del PSOE y, en suma, es la del Gobierno de España.

Desde el PP advertimos desde el primer momento que el rescate de Plus Ultra era una decisión incomprensible en términos técnicos y políticos. Sin embargo, el Gobierno y el PSOE calificaron cada comparecencia de las comisiones de investigación en el Senado como fango y bulos. Al final, se ha acabado demostrando que los bulos son los del Gobierno, y el fango es donde están Cerdán, Ábalos, Koldo y Zapatero. Y que el Gobierno de Sánchez aprobó rescatar esa aerolínea con dinero procedente los impuestos que pagamos todos los españoles para que, presumiblemente, acabara en la familia de Zapatero.

El PSOE actúa siempre igual ante sus casos de corrupción: primero aseguran que todo es mentira y acusan a los medios de comunicación que los descubren; cuando acaban en un juzgado y empiezan las imputaciones entonces señalan a los jueces, con el consiguiente deterioro que semejante comportamiento supone para la división de poderes y el Estado de Derecho.

Sánchez ha decidido unir su destino al de Zapatero expresando su apoyo al expresidente en el Congreso de los Diputados. Cuando un presidente del Gobierno protege al imputado antes que a las instituciones, el problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Frente a ello, el PP seguirá protegiendo a los españoles y a la salud de nuestra democracia frente a la corrupción generalizada del sanchismo.

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