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Opinión | El Retrovisor

Moda baño

Playas de Águilas en los años sesenta.

Playas de Águilas en los años sesenta. / Archivo TLM

Cada vez que escucho la palabra "moda", me viene a la cabeza, desde los años noventa, el nombre del recientemente fallecido Pedro López Morales, todo un erudito del estilo y de la moda. Me ocurre igual que con aquel eslogan -seguramente creado por él, allá por los inicios de los años setenta: "Adelantados de la moda", de mi vecina, la firma murciana Cerdán Hermanos.

La moda de primavera-verano 2026 ya está en uso, pues los calores de los últimos días así lo exigen. Ya sabemos que aquí las primaveras son cortas y los veranos, exageradamente largos, y que traerán unos calores que durarán hasta las ventoleras del día de Todos los Santos.

El comercio online se deja sentir como nunca: prendas baratas de buen ver que duran un suspiro. El verano pide estilo y renuncia, en la mayoría de los casos, a la calidad de las mismas. Conozco a uno que quiso aprovechar una oferta made in China al descubrir en redes sociales un scooter baratísimo. El infeliz se veía montado en su motocicleta, melena al viento, entre playas y pinares. Cuando recibió la moto solicitada, pagada por anticipado con la tarjeta prepago, quedó de una pieza ante tamaño chollo al comprobar que el ansiado scooter no era otra cosa que una moto de juguete, que solo servía para dar vistosidad a la vitrina juvenil. Con la ropa suele ocurrir los mismo: las tallas varían y los bonitos pantalones que me gustaron solo me sirven para regar los bancales, ya que mis tobillos quedan vistosamente desnudos.

Turista en la Manga, años sesenta.

Turista en la Manga, años sesenta. / Archivo TLM

Los primeros calores me hacen imaginar de nuevo paradisíacas playas de aguas turquesas, con esculturales beldades en bikini que se alternan con caballeros de panza cervecera y bañador paquetero. Ellas, siempre más cautas y previsoras, ya iniciaron la operación bikini para estar en plena forma al sol de los días venideros. Los profesionales nutricionistas acaparan la atención de las obesas presumidas que tratan de rebajar kilos para lucir el bikini (se les quedará cara de pito y el culo seguirá siendo el mismo).

Resulta curioso que la prenda más admirada por los hombres a lo largo de décadas fuera diseñada por un ingeniero industrial, el francés Louis Réard, caballero que regentaba el negocio de lencería de su señora madre, allá por el año 1946, y su primer obstáculo fuera encontrar una maniquí que quisiera lucir su atrevido prototipo de dos piezas que mostraba el ombligo. La encontró en la persona de Micheline Bernardini, una bailarina del Casino de París, señora de muy buen ver, que se convirtió en la primera mujer que lució en público tan vistosa y alegre prenda. La Guerra Fría y las pruebas nucleares que deparó la misma sirvieron para definir su nombre, tomando para ello el del atolón de las islas Bikini, ya que Réard, su creador, consideró su diseño como una verdadera bomba.

Balneario en el Hotel de Los Arcos, años sesenta.

Balneario en el Hotel de Los Arcos, años sesenta. / Archivo TLM

Fue a partir de 1950 cuando se popularizó su uso, algo que no resultó fácil debido a las reticencias morales. Tuvieron mucho que ver en el éxito de esta pieza de baño las actrices de cine de entonces, como Marilyn Monroe, Brigitte Bardot o Ava Gardner, entre otras famosas bellezas.

El turismo influyó en el uso del bikini en España, una prenda considerada por muchos como indecente. El bikini nos llegó por el norte, desde Francia, siendo tres ciudades las primeras en permitir su uso en la playas de aquella España virgen (turísticamente hablando): Santander, Marbella y Benidorm. Encomiable fue la actuación del alcalde Benidorm Pedro Zaragoza Orts, que viajó en Vespa hasta El Pardo para entrevistarse con Franco, tras la multa impuesta de 40.000 pesetas, a una turista inglesa que se sentó en una terraza puesta de bikini, consiguiendo el alcalde liberalizar su uso.

Una medida brillante que fue del total agrado de los reprimidos señores de la época, pese a la oposición de algunos miembros del clero que se echaron las manos a la cabeza ante tan escandalosa moda.

Los meses pasan raudos, los estudiantes estudian y las damas se acicalan ante la llegada inminente de los días de sol y playa.

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