Opinión | El que avisa no es traidor
Quien contamina no paga

Vista satelital del Mar Menor. / OMM
Una casualidad en forma de accidente ha vuelto a retrasar un proceso judicial singular. En esto sí que la Región es pionera porque un ente físico como es el Mar Menor sienta en el banquillo por primerísima vez a acusados de agredirlo, maltratarlo y causarle daño quizá irreparable. Es de esperar que no, pero en cualquier caso la Justicia, pongámosla de momento con mayúscula, española está ante la oportunidad única de pronunciarse en un asunto tan novedoso.
Aunque el caso va de que se cumpla ese principio tan eludido generalmente de "Quien contamina, paga", el proceso no llega al fondo de la cuestión, a pesar de que el informe del experto en Toxicología Luis Burillo —cuyo percance en Croacia es el motivo de la suspensión de la vista oral— señala claramente que la principal causa del deterioro de la mayor laguna litoral de agua salada en Europa es la contaminación por fertilizantes químicos de todo tipo. Queda claro en sus 22 páginas y cuatro de bibliografía de referencia.
De pasada, hay que resaltar que entre los investigadores y expertos citados en esas últimas cuatro páginas hay notable presencia de estudios hechos por murcianos o asentados en Murcia. O sea, que de sorpresa no debería pillar el caso a nadie.
Otro detalle referido a este Caso Topillo, que no es otro que el de la contaminación agrícola de las escorrentías al Mar Menor que terminaron causando el ecocidio de 2019 —entre otros perjuicios anteriores y posteriores—, es que las 39 acusaciones primeras, tras investigaciones policiales y fiscales, fueron troceadas en casi otras tantas piezas separadas. Se evitó una "Causa General contra la Contaminación Dolosa del Mar Menor", que hubiera sido lo pertinente.
Eso de "el futuro de la agricultura son los productos de alto valor añadido" les suena a chino mandarín a los aguatenientes
Se trazó así una cierta vía de escape para los implicados, en función de la pericia y dedicación de sus respectivas defensas y de las diversas interpretaciones de unos y otros jueces encargados de los casos, mientras el fantasma de las dilaciones indebidas planea sobre el caso. Todo esto es más o menos sabido por ser práctica habitual para evitar gran escándalo y oprobio de algún colectivo, el agroindustrial concretamente.
Las defensas mediáticas y togadas de los 39 del Topillo niegan la mayor descalificando el Informe Burillo y, sin pretenderlo, ponen indirectamente el foco en el fondo de la cuestión citado antes: los fertilizantes químicos son el origen de la contaminación de la Laguna. Viene esto a cuento precisamente ahora mismo porque esos productos se encarecen a marchas forzadas por el estrangulamiento del Estrecho de Ormuz. Además de protestas locales ya registradas de empresas agrícolas afectadas por la carestía, también hay exigencias a la Unión Europea de (más) subvenciones para afrontar el encarecimiento de los abonos químicos derivados de combustibles fósiles.
Pero ni en Bruselas, ni en Madrid ni, por supuesto, en Murcia o Alicante o Almería se plantea la necesidad palmaria de sustituir progresivamente, pero también cuanto antes, los fertilizantes químicos por los orgánicos, junto a otras medidas más tímidas —reducción de superficies de regadío, por ejemplo—. Las razones por las que no se hace son puramente económicas: los segundos son más caros que los primeros. Es decir, la agroindustria trata de obtener, desde que existe, el mayor rendimiento en el menor tiempo posible, sin importar los productos que se usan, la sobreexplotación de los recursos (tierra, agua), ni las condiciones de trabajo de los últimos en la escala laboral: los que doblan el lomo.
Eso de "el futuro de la agricultura son los productos de alto valor añadido", que decía Domingo Jiménez Beltrán, les suena a chino mandarín a los aguatenientes. Están en otra galaxia, la del ultra extractivismo pase lo que pase. Mientras no se acote radicalmente el uso de fertilizantes químicos (nitratos, fosfatos y sulfatos), los problemas del Mar Menor se reproducirán ad infinitum por muchas barreras verdes, depuraciones, eliminación de ampliaciones de regadío, etcétera, etcétera, etcétera que se hagan. No hay otra conclusión posible a extraer del Informe Burillo. Mientras tanto, el que contamina no paga: ni con dinero ni con cárcel.
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