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Opinión | Nos queda la palabra

SOS en el SMS

Frente a otras noticias totalmente inesperadas que nos han sacudido esta semana, la del fraude en el Servicio Murciano de Salud es la crónica de un desastre anunciado.

Un golpe al corazón en términos económicos y, lo que es más grave, sanitario. Entiéndase grave, que acabamos de recontar los votos en Andalucía y el partido que, como en Madrid, tiene a la sanidad moribunda ha quedado a un paso de la mayoría absoluta.

Así que los que hoy ocupan el poder autonómico en la Región de Murcia, que suyas son las competencias, no teman. Es más, es posible que alguna de las personas a las que, según la policía, se le ha implantado una válvula cardiaca defectuosa o caducada vote, cuando toque, a los responsables de tal dislate.

Implantar la sanidad privada es lo que tiene. Optimización de beneficios. Ganar dinero con las compras, aumentando hasta en 1.287% el coste real de los productos y ahorrar en los prolegómenos o en la operación hasta poner en peligro al paciente con material obsoleto. Priorizar la rentabilidad a la atención sanitaria, ese es su lema vital.

Mientras aún es posible escuchar y leer el agradecimiento eterno al personal sanitario de nuestra sanidad pública, que se desvive para paliar los tijeretazos de sus gestores políticos... son cada vez más las historias de miedo que comienzan con la derivación a un centro privado.

Hay hospitales en los que, como si fueran un hotel, te garantizan una habitación solo si la contratas pues, amenazan, puedes acabar en el pasillo.

Sobre la mesa del quirófano y con los primeros síntomas de la anestesia, adormecido, te preguntan a ti que pierna es o si aún tienes la piedra en el riñón, dejándote la opción última de continuar o no con la faena.

Si decides coger el toro por los cuernos y seguir con los pinchazos aún te dará tiempo a escuchar cómo discuten sobre dónde está la prótesis, pues ayer no quedaban o bien cómo es posible que el cálculo renal haya salido despedido a un lugar donde es imposible alcanzarlo.

Su única receta es facturar al que paga. Doblemente pagamos con el bolsillo y sobre nuestro cuerpo, sin que luego les pase factura. No tenemos remedio.

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