Opinión | Misa de doce

Director de la Filmoteca Regional
Peligro en la Condomina
Durante buena parte de la década de los ochenta la coletilla «peligro en La Condomina» se viralizó en los programas deportivos que retransmitían los partidos de fútbol por la radio. Era habitual escuchar al locutor pronunciar esa muletilla cuando había una ocasión de gol y, con el tiempo, se empezó a usar en el día a día para advertir que algo pintaba mal.
Lo cierto es que recuerdo aquellos días con cariño y, por qué no, con cierta nostalgia; y es que, en este caso, la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor adquiere carácter de máxima irrefutable.
Los niños que crecimos en los ochenta en Murcia tuvimos suerte. Jugábamos en la calle, no existía el reguetón y coleccionábamos los cromos del equipo equipo de nuestra ciudad. Un Real Murcia que, por aquel entonces, lo normal es que militara en Primera División.
Ha pasado el tiempo y, quién te ha visto y quién te ve, Real Murcia de mi vida. Cómo ha cambiado la película: de protagonizar Jenaro, el de los 14 y ganar en el Bernabéu a todo un Real Madrid, hemos pasado a celebrar, cual campeones de Champions, una victoria ante el Juventud de Torremolinos liderando el reparto del thriller más terrorífico de todos: el de sobrevivir en Tercera División.
Confieso que esta temporada me la he tomado con más filosofía; he intentado no cabrearme. Otra cosa son los niveles de frustración soportados, algo intrínseco a cualquier murcianista. Y aunque, como decía, he mantenido el enfado a raya, el pasado domingo los niveles se dispararon y acabé por explotar.
Lo cierto es que no fue por ninguna circunstancia del juego ni nada por el estilo, porque el Real Murcia ganó con solvencia su partido ante el Juventud de Torremolinos, asegurando así la permanencia en Primera Federación, la tercera categoría del fútbol español. Todo un motivo de orgullo, vamos. Lo hice por el entusiasmo con el que el club celebró, a través de uno de sus perfiles en redes sociales, esa permanencia matemática; a mi juicio, una falta de respeto sin precedentes hacia el murcianismo, que evidencia el preocupante estado de mediocridad en el que parece haberse instalado el club.
Hemos comprado durante demasiado tiempo el discurso de la mala suerte. Un discurso imposible de sostener tantos años y que ha abocado al murcianismo a una era de mediocridad sin precedentes.
Doce años, doce temporadas lejos del fútbol profesional en las que otros han podido y nosotros no. ¿Por qué? Según el relato oficial, por mala suerte. Es triste, pero hemos interiorizado y comprado este discurso victimista hasta anular cualquier tipo de espíritu crítico.
Mis respetos y honores para aquellos que invierten su tiempo y su dinero en sanear la institución con más masa social y seguidores de la Región de Murcia, pero no podemos seguir anclados en la mediocridad y pensar que solo con respirar es suficiente. No. Somos el Real Murcia, y yo ya no compro ese relato. Porque este escudo merece algo más que sobrevivir y no puede seguir arrastrándose por estadios de mala muerte. Por nuestros padres, nuestros abuelos y aquellos que ahora nos animan desde arriba.
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