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Opinión | Tribuna Libre

Marcos Mateos Martínez

Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Región de Murcia

La energía como factor de vulnerabilidad industrial en la Región de Murcia

La Región debe aspirar a ser lo más autosuficiente posible, porque tenemos los recursos y porque una autonomía energética significa competitividad y desarrollo

Es urgente avanzar en la transición energética, no solo desde una perspectiva ambiental, sino también económica.

Es urgente avanzar en la transición energética, no solo desde una perspectiva ambiental, sino también económica. / L.O.

«Controla el petróleo y controlarás las naciones». Un pensamiento geopolítico clásico, frecuentemente asociado a figuras como Henry Kissinger en los años 70, que nos demuestra que el control de la energía ha sido históricamente un instrumento de poder internacional que ha influido decididamente en el desarrollo industrial de los países.

Nuestro tejido industrial, el de la Región de Murcia, se ha consolidado en los últimos años como uno de los pilares del crecimiento económico regional. Con un peso superior al 20% del valor añadido bruto, y una fuerte especialización en sectores como el refino, la alimentación o la química, el tejido productivo murciano presenta, sin embargo, una característica estructural que condiciona su competitividad: su elevada dependencia de los combustibles fósiles.

Esta dependencia no es anecdótica, sino sistémica. La estructura industrial regional está fuertemente concentrada en actividades intensivas en energía térmica, donde el gas natural constituye el principal vector energético con más del 50% del consumo energético directo, mientras que la electricidad supone aproximadamente un 30%. El peso de sectores intensivos en calor y las altas temperaturas necesarias para determinados procesos refuerzan aún más el protagonismo del gas natural en la industria. Si a ello se suma la componente fósil del sistema eléctrico, derivada de las centrales de ciclo combinado que generan electricidad quemando gas natural, con mayor protagonismo después del apagón del abril de 2025, la dependencia energética de los combustibles fósiles del sistema productivo sigue siendo claramente mayoritaria: dos de cada tres kWh de la energía consumida proviene de combustibles fósiles como el petróleo o el gas natural.

Este hecho se ve reforzado por la propia configuración sectorial de la industria murciana. Actividades como el refino de petróleo, que por sí sola representa cerca de un tercio del total industrial regional, o la industria química y energética, consolidan un modelo productivo intensivo en suministros fósiles. Incluso en aquellos sectores donde el combustible no es materia prima directa, como el agroalimentario, la dependencia energética sigue siendo elevada debido al peso del transporte y de los procesos que requieren calor. En este sector, por ejemplo, el coste energético y logístico puede representar hasta el 40% del coste total en determinadas cadenas de valor, lo que explica su alta sensibilidad a los precios de la energía.

A esta realidad estructural se suma una segunda dimensión clave: el origen del suministro energético. España, y por tanto la Región de Murcia, importa prácticamente la totalidad del petróleo y del gas que consume, con tasas de dependencia energética exterior superiores al 70%. En los últimos años, el origen de estos suministros ha cambiado de forma significativa. En el caso del petróleo, Estados Unidos ha pasado de ser un proveedor marginal, con menos de un 3% en 2019, a representar en torno al 15% del total de las importaciones españolas, consolidándose como uno de los principales suministradores de crudo. En cuanto al gas natural, el cambio ha sido aún más acusado. La crisis diplomática con Argelia en 2022 hizo que este país pasara de ser el principal proveedor de gas natural, con el 50% del suministro, a estar por detrás de Estados Unidos, país que ha llegado a superar el 30% del total importado en determinados periodos recientes, con el consiguiente encarecimiento de los costes.

Estos vaivenes geopolíticos muestran la elevada dependencia energética de nuestras industrias. La guerra de Ucrania marcó un punto de inflexión en la política energética europea, reduciendo drásticamente la dependencia del gas ruso, que antes de 2022 representaba cerca del 40% del suministro europeo, y reforzando el papel de Estados Unidos, consolidándose como proveedor estratégico.

Y a este escenario se une el conflicto en torno a Irán y el estrecho de Ormuz, que introduce una nueva variable de riesgo. Conviene, no obstante, hacer una distinción clara: no estamos ante una crisis de suministro, sino de precios. La diversificación de proveedores y la capacidad logística europea, especialmente en países como España, que cuenta con cerca del 30% de la capacidad de regasificación de la Unión Europea, hacen poco probable una interrupción significativa del abastecimiento. Sin embargo, el impacto en los costes energéticos es inmediato.

El estrecho de Ormuz es una de las principales arterias energéticas del mundo, por él transita aproximadamente el 20% del petróleo global y cerca del 25% del comercio internacional de gas natural licuado. Cualquier alteración en su operatividad genera tensiones en los mercados internacionales, elevando los precios del crudo, del gas y de los fletes marítimos. Históricamente, episodios de inestabilidad en esa región han provocado incrementos del precio del petróleo superiores al 10% incluso al 20% en cuestión de semanas.

Para la industria de la Región de Murcia, el efecto es particularmente sensible. No solo por su dependencia energética, sino por su perfil exportador. Más del 40% de la producción industrial regional está vinculada a mercados exteriores, y en sectores como el agroalimentario el transporte representa un coste crítico. El encarecimiento del gasóleo, que puede suponer hasta un 30% del coste del transporte por carretera, tiene un efecto directo sobre la competitividad de las exportaciones murcianas.

Así, el impacto de la guerra de Irán no se limita al precio del gas o del petróleo, sino que actúa como un multiplicador de costes: energía, transporte, materias primas, seguros y financiación se ven afectados simultáneamente. A ello se añade la volatilidad en los mercados energéticos, donde el precio del gas en Europa ha demostrado en los últimos años una elevada sensibilidad a factores geopolíticos, con variaciones que han llegado a multiplicar por cinco su valor en periodos de crisis.

En paralelo, el contexto geopolítico está consolidando una tendencia de fondo: el refuerzo del papel de Estados Unidos como proveedor energético global. Tanto la guerra de Ucrania como las tensiones en Oriente Medio han acelerado este proceso, configurando un sistema energético más diversificado, pero también más dependiente de los mercados internacionales y de la logística marítima.

En definitiva, la industria de la Región de Murcia no afronta un problema de acceso a la energía, sino de coste. La seguridad de suministro está, en términos generales, garantizada. Sin embargo, la volatilidad de los precios energéticos y su transmisión al conjunto de la cadena de valor representan un desafío estructural para la competitividad industrial de nuestra región.

Este contexto refuerza la urgencia de avanzar en la transición energética, no solo desde una perspectiva ambiental, sino también económica. Reducir la dependencia del gas natural, electrificar procesos, impulsar gases renovables o mejorar la eficiencia energética no son ya únicamente objetivos climáticos, sino condiciones necesarias para garantizar la resiliencia del tejido productivo regional en un entorno geopolítico cada vez más incierto.

Porque, como demuestra la realidad geopolítica actual, quien condiciona el acceso y el coste de la energía no solo influye en los mercados, sino que determina la capacidad de desarrollo industrial de los territorios. Y en ese escenario, la Región de Murcia debe aspirar a ser lo más autosuficiente posible, porque tenemos los recursos y porque una autonomía energética significa competitividad y desarrollo, y si se hace con las fuentes de energía renovable de las que disponemos, nuestro desarrollo será también más sostenible.

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