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Opinión | La Feliz Gobernación

Titubeos en La Glorieta

Rebeca debería dibujar su propio equipo sin recibir el que dejó su predecesor como una intocable herencia

Rebeca Pérez, en el primer pleno del Ayuntamiento como alcaldesa de Murcia

Rebeca Pérez, en el primer pleno del Ayuntamiento como alcaldesa de Murcia / Juan Carlos Caval

Rumore, rumore. Dos rumores. Uno, que el nuevo concejal entrante en el Grupo Popular de Murcia, Pedro Luis Balibrea, no asumirá competencia alguna para no desviar su atención de la dirección de Inforges, empresa en la que se emplea. O sea, que viene a figurar y a votar. Mal empezamos. Aunque puede ser cansino interpretar a cada paso el pensamiento de José Ballesta cuando ya no está, parece claro que un estajanovista como él no lo habría permitido. Al Ayuntamiento se va a trabajar, y mucho, y si no, mejor quedarse en casa y que corra la lista.

Se puede suponer que entre los concejales del PP en La Glorieta estarán encantados, pues tocarán a más en el reparto de las competencias que habrá de ceder Rebeca Pérez al elevarse a la alcaldía: Fomento y Patrimonio. Suculento botín del que, una parte, al menos, debiera destinarse al recién llegado, o en todo caso recibir otras transferencias de quienes se pudieran encargar de esa cartera, despiezada o no.

Y otro rumor, pues he dicho que son dos. Hay impresiones confusas acerca de si Rebeca se propone otorgar a algún otro concejal o concejala el título de la vicealcaldía que ella inauguró por decisión de Ballesta. Si fuera que sí, sería un error. De entrada, ella misma propiciaría la imagen de alcaldesa tutelada. No cabe duda de que cuando Ballesta la nombró vicealcaldesa lo hizo con intención de señalarla como sucesora en caso de que él no se presentara en 2027. Era una manera de reforzarla ante los demás. Pero en las actuales circunstancias la vicealcaldía carece de sentido, pues, en vez de concentrar la autoridad en la alcaldía, la existencia de ese epígrafe contribuiría a diversificarla, creando algo así como una bicefalia implícita.

Rebeca debería dibujar su propio equipo sin recibir el que dejó su predecesor como una intocable herencia. No puede aparecer como una alcaldesa provisional con miedo a marcar su estilo, pues en tal caso se la van a comer con patatas. No puede haber concejales a distintas velocidades ni vicealcaldes que se empoderen a su costa. Tal vez su apego a Ballesta no la haya despertado todavía a la realidad de su desaparición. Usted es ahora la que manda, señora.

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