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Opinión | La perdición

Cara de gelatina

Para sorpresa de nadie, el expresidente Rodríguez Zapatero ha sido imputado por graves delitos. Ahora todos simulan escandalizarse con la identidad existente entre la palabra ‘presidente’ y las seis primeras letras de otra que anticipa un presunto futuro a la sombra.

No es que Zapatero no sea lo que parecía, es que —supuestamente— es lo que siempre pareció. Ya decía el poeta de Cartagena José María Álvarez que no se creía a ningún feo o que estuviera casado con fea, porque esconde algo, y ponía por ejemplo al filósofo Sartre. No nos vengan con grititos de novicia sobre ZP, todos lo anticipaban. Nunca te fíes de un hombre sin mandíbula inferior, sustituida por una gelatina sonriente.

Mister Bean, habichuela, y mantecosa. En Derecho Penal está muy desprestigiada la figura de Cesare Lombroso, y su fisiognómica que intentó demostrar el indicio entre el careto de una persona (¡y su cráneo!) y su tendencia al crimen. Hay que reivindicar a Lombroso, vivimos en la sociedad de la imagen. No se puede obviar que de sus ojos para abajo (ojos gélidos como faros de un Seat 1500) el expresidente es una pura difuminación, conceptual y física. Un turbio canónico.

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