Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Trump, Xi y la nueva ruta de la seda

Aunque, como afirma Eva Tobalina en su libro Los Caminos de la Seda (La Esfera de los Libros, 2024), nunca los usuarios de las diferentes rutas que conforman lo que hoy conocemos como Ruta de la Seda la conocieron por dicho nombre, pero lo que significó está meridianamente claro: era la infraestructura comercial que permitía hacer llegar los productos fabricados en China, básicamente la seda, a los ávidos consumidores de Occidente. Fue un fenómeno que se mantuvo activo durante mil setecientos años, con algunos períodos de decadencia y recuperación en función de quien gobernaba en los territorios por donde discurrían las rutas.

En el siglo I, un escritor romano se quejaba de que el ansia de las matronas romanas por vestirse con ropas de seda china costaba a sus maridos nada menos que cien millones de sestercios al año, una cantidad monumental para un lujoso capricho. Las mercancías que salían del norte de China pasaban por las manos de sucesivos mercaderes, que llegaban solo hasta cierta distancia para venderlas y regresar a su punto de partida, y esto de forma recurrente. Eso provocaba un encarecimiento notable de la seda hasta llegar a las manos de sus ansiosas compradoras. Las caravanas duraron hasta el siglo XVI, cuando poderoso el imperio otomano se interpuso definitivamente entre China y Europa. Portugueses y españoles encontraron en ese momento un incentivo enorme para circunvalar Africa y Sudeste asiático para comprar seda china sin tener que recorrer Asia central y Oriente Medio. Así comenzó la primera globalización.

Conociendo esto, no es de extrañar que el Partido Comunista chino ansíe restablecer un mundo en el que los chinos fabricaban lo que el resto del mundo quería comprar y para ello no dudan en crear las infraestructuras necesarias, como hicieron sus antepasados con los caravasares, las monumentales paradas que permitían el relevo de los animales, el intercambio de mercancías y el descanso de los mercaderes. Probablemente Trump ni siquiera sepa qué significó para la expansión de China la Ruta de la seda. Pero si cambiamos las matronas romanas por los ávidos consumidores americanos hallaremos la clave del déficit comercial de Estados Unidos con China que tanto enrabieta a Donald Trump.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents