Opinión | Desde mi picoesquina
A propósito de la unidad de la izquierda

Alejandro García, profesor jubilado de la UMU, Joaquín Sánchez, cura y activista social, moderador del acto, y Héctor Illueca, profesor de la Universidad de Valencia. / Diego Jiménez
La reapertura del debate sobre la unidad de la izquierda es una decisión que tiene que ver con la constatación de que, elección tras elección, la derecha extrema y también la extrema derecha no sólo han ganado el relato, sino que también parecen avanzar con una claridad estratégica que contrasta con una pretendida exquisitez moral de la izquierda, pero inmersa en una cierta parálisis organizativa y alejada de los auténticos problemas de una ciudadanía que lo mismo se entrega a los brazos de la reacción que abraza la abstención.
Antonio Antón, sociólogo, politólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), expone en un artículo que sigue sin resolverse el problema de fondo: la impotencia del conjunto de la izquierda alternativa no sólo para frenar a las derechas (situación, por cierto, muy patente en el caso de Murcia, con más de 30 años de predominio de aquéllas), sino también para condicionar al PSOE. Asistimos, además, según este autor, al mantenimiento de una tensión entre posiciones moderadas o posibilistas -en materias sensibles como el feminismo, la inmigración o la seguridad ciudadana- y una estrategia más contundente y rupturista de transformación social, democratizadora y plurinacional, cuyo paradigma, añado yo, en las recientes elecciones andaluzas, lo hemos visto en Adelante Andalucía frente a la coalición Por Andalucía.
El sorpaso de Adelante Andalucía, que, con ocho diputados, cuadruplicando su anterior representación, ha imposibilitado la mayoría absoluta de Moreno Bonilla, ha sido posible porque un buen candidato, José Ignacio García, como el alcalde neoyorquino Zohran Mandami, ha sido capaz de ofrecer propuestas nítidas de izquierda rupturista resucitando un soberanismo andaluz; y con su apelación a no cogobernar con el PSOE ha captado el voto joven y el de muchos votantes desencantados. Por el contrario, Por Andalucía, una coalición de partidos hecha con un Podemos que sólo a última hora se refugió en su paraguas, ha pagado, sin duda alguna, su apego al poder y su subordinación al PSOE. ¿Cuándo la izquierda alternativa va a entender esto? Súmese a ello que, según Antón, un mayor protagonismo de la militancia y de las bases sociales está bastante ausente de la dinámica partidista.
Hoy por hoy, se detectan otros inconvenientes para la deseada unidad. Los fracasos de esa izquierda subordinada al PSOE en Aragón, Castilla y León y Andalucía me hacen pensar que los particularismos y el refugio en las siglas parecen derivados de que esas fuerzas de izquierda ignoran o desprecian el hecho de que atravesamos tiempos de una evidente emergencia democrática. Las derechas ganan terreno como un bloque cultural, mediático, económico, con evidentes apoyos judiciales, mientras las fuerzas de izquierda siguen debatiendo ‘si son galgos o podencos’. Creo, pues, que la fragmentación de la izquierda plantea un problema ético. Porque es evidente que cada victoria reaccionaria se produce mientras esa izquierda fragmentada se afana en afinar discursos, pero también en proteger sus ‘marcas’. Así no vamos a ninguna parte.
Pese a todo, y por ello, es bueno que, desde los colectivos sociales, se expanda la idea de que esta situación no es irreversible. En la Región de Murcia, la iniciativa para debatir sobre esta preocupante situación la han tomado un conjunto de jubilados y jubiladas, los-las Yay@flautas.
Asistí el pasado viernes en Murcia a la charla que, con el título Hacia dónde debe caminar la izquierda, y organizada por ese colectivo, reunió en la mesa de debate a Alejandro García, profesor de Historia de la UMU, a Héctor Illueca, profesor de Derecho de la Universidad de Valencia, y al cura y activista social Joaquín Sánchez, que actuó como moderador.
El profesor Alejandro García, que abrió el turno de intervenciones, en su exposición inicial transmitía ese ‘espíritu de derrota’ que parece haber tomado carta de naturaleza en sectores de izquierda, pues se mostró bastante escéptico sobre una posible unidad de las fuerzas a la izquierda del PSOE. Tras afirmar que en el momento actual asistimos a los mayores cambios históricos y sociales de los últimos 500 años, y en relación con esa posible unidad de las izquierdas, dijo que en los momentos de incertidumbre establecer pronósticos sobre lo que ha de ocurrir es inviable. La prueba está, dijo, que ni Max Weber fue capaz de anticipar la eclosión del nazismo ni Dostoievski la Revolución Rusa.
Se preguntó qué hechos objetivos hacen que los jóvenes -que, por cierto, estaban bastante ausentes del auditorio- abran la puerta a la reacción ultraderechista, achacando ese hecho, en su opinión, a que si no perciben un futuro claro se adhieren a los instintos, pues en la actualidad prima lo individual sobre lo colectivo.
Por su parte, Héctor Illueca, que comenzó su intervención haciendo un repaso de la actualidad internacional, afirmó que asistimos a una profunda crisis de la doctrina militar norteamericana, que coexiste, sin embargo, con una cierta ‘legalidad’ de la guerra y un creciente multilateralismo. Afirmó que, en ese contexto, Europa es un ‘protectorado’ militar de EE UU, país que ha vetado los sucesivos intentos de la UE de dotarse de una estructura de seguridad y defensa propia. El militarismo creciente obligaría a nuestro país a destinar a gastos militares 80 mil millones anuales. Y ello, afirmó, se produce en un contexto de crisis estructural y de discurso de la izquierda, con escasa credibilidad, en un mundo cambiante. Pero, según él, no todo está perdido: tras el 15M -acontecimiento del que ahora se cumplen 15 años-, intuye que se inaugura un nuevo ciclo en nuestro país ante el que la izquierda ha de responder con la creación de un nuevo espacio político alternativo, contando con los movimientos sociales, con una dirección colegiada que funcione por consenso, y no atenta en exclusiva a la dinámica electoral; un nuevo sujeto político que conecte con el mundo nuevo que está surgiendo y que tenga como horizonte inmediato la implantación de la III República en España.
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