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Opinión | Pasando la Cadena

La solución final del mismísimo Florentino Pérez

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid

El tiempo pasa para todos, pero no es el caso; las circunstancias cambian. Y conocer el pasado suele explicar el presente, pero no garantiza el futuro. Hay que dirigirlo.

La presidencia de Florentino tiene dos etapas, divididas por su dimisión en 2006 “por haber malcriado a los jugadores” —sus galácticos—, y comenzamos una tercera. Y en esos veintitrés años de mandato, desde aquel lejano dos mil en que enarbolando el fichaje de Figo y “controlando que los muertos no votaran”, y si alguno se colaba fuera a su favor; haciéndose con el liderato de la primera marca de España, hasta su aclamada vuelta en 2009 y la esperpéntica rueda de prensa que le desnudó ante el gran público, Florentino Pérez ha cambiado poco.

Es un personaje sólido en sus planteamientos y resulta tan atractivo e influyente como egocéntrico y brillante. Como ocurre en nuestro sistema solar, sol solo hay uno y su entorno debe girar a su alrededor. Pero también, por su ambición, prepotencia y deseos de manejarlo todo, quiere que los ajenos giren en torno a sus objetivos. Por eso está contra el mundo.

Solo una persona extremadamente inteligente sería capaz de usar la primera marca española, el Real Madrid, con cuanto conlleva en España y en el mundo, como departamento de relaciones públicas para sí mismo y sus intereses empresariales, sin meter una uña en la caja. Es decir, desde la notoriedad del cargo de presidente, como puede hacer cualquier otro, diferenciando con extrema pulcritud su economía de la del club.

Y la guinda es el éxito deportivo que corona su presidencia, logrando ser el más laureado, amén de catapultar al Madrid hasta la cabeza de los clubes del mundo más valiosos, desbancando a los ingleses, quienes con el Manchester United a la cabeza lideraban tan emblemático ranking.

Pero como humano, aparte de fortalezas y una particularísima soberbia galopante, también cabalga contradicciones y debilidades. Florentino es el mismo que liquidó a Del Bosque hace veinticuatro años y hace meses a Xabi Alonso sin explicaciones creíbles, más allá de querencias personales y exigencias de lealtades serviles.

Y es el mismo que asegura no haberse equivocado al fichar a Xabi para tres años y despedirle a los seis meses —se lo dijo a Pedrerol—, que el que largó a Del Bosque “por anticuado”—después fue campeón de Europa y del mundo con España—, o el que se mete en público con periodistas y pide en privado sus cabezas, negándolo todo siempre, ufanándose de haber acabado hasta con JoséMaríaGarcía. Como niega hablar con sus futbolistas o que fiche y desfiche, cuando minutos antes se vanagloriaba de haber fichado balones de oro.

Y es el mismo también que aparenta templanza e institucionalidad, con su voz de curica, y luego larga sin piedad en corrillos madridistas de Raúl y Casillas, entre otros, y de periodistas suyos de cabecera, seguramente por no ser florentinistas como Arbeloa y Mourinho. Recuerden los audios “robados”.

Hasta Zidane, su mejor incorporación, dejó el club tras su tercera Champions consecutiva por no sentir el apoyo de Florentino. Aquí lo anticipamos seis meses antes, como anticipamos este enero pasado que Mourinho vendría en junio, cuando nadie más lo había ni imaginado.

Ahora anticipamos el nuevo objetivo de Pérez convocando elecciones. Le preocupa el futuro institucional más que lo deportivo y le inquieta no asegurar su relevancia futura. El Florentino anterior hubiese convencido a Klopp y el de ahora trae a Mourinho como bombero urgente de un vestuario incendiado. La meta es dirigir su sucesión. Y para eso debe controlar que nadie desbanque a quien designe, cambiando el modelo societario del Real Madrid, para lo que necesita tiempo.

Un club en manos mayoritariamente de socios accionistas, con solo un porcentaje minoritario de acciones vendidas fuera. Dinero fresco, valoración de la entidad en diez mil millones de euros y una Asamblea de socios propietarios controlada desde el Consejo para sus fines, que decida al modo de las grandes empresas en circuito cerrado, tal que los bancos, y no mediante elecciones populares.

El club presidido por alguien manejable y él retirado al sol de la Fundación Real Madrid.

Florentino Pérez, genio y figura. Si logra enjaretar tan brillante operación, que no será fácil ni está inventada, sería su verdadero legado.

Pero, ¡ojo!, aunque sea bueno para el Madrid, el futuro nunca está garantizado.

Tampoco pueden hacerlo el actual ni el antiguo Florentino, que son el mismo.

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