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Opinión | Pulso Político

Antonio José Candel García

Secretario de Educación del PSRM-PSOE

Secretario de Educación del PSRM-PSOE

El PP lleva la educación pública al límite

Un colegio en Beniel

Un colegio en Beniel / L.O.

Hay algo injusto en lo que está ocurriendo con la educación pública en la Región de Murcia. Y lo digo no solo como secretario de Educación del PSOE, sino como maestro que sigue entrando cada día en un colegio público y viendo de cerca una realidad que demasiadas veces se intenta maquillar desde los despachos.

Porque una cosa son las campañas de propaganda de la Consejería y otra muy distinta lo que vivimos dentro de las aulas.

La escuela pública de la Región de Murcia lleva años haciendo un esfuerzo para responder a necesidades cada vez más complejas. Lo hacen los docentes, los equipos directivos, los orientadores, los especialistas de apoyo y también las familias. Muchas veces con más voluntad que recursos.

Mientras el PP presume de modernización y anuncios grandilocuentes, en los centros seguimos viendo ratios imposibles, especialistas desbordados, orientadores compartidos entre varios colegios y docentes agotados emocionalmente. Y ya está bien de convertir la precariedad en algo normal.

Como maestro de Pedagogía Terapéutica, sé perfectamente lo que significa intentar atender a alumnado con necesidades muy diferentes sin los recursos suficientes. Sé lo que es cuadrar horarios imposibles para llegar a todo. Sé lo que es escuchar a compañeros decir que no pueden más. Y sé también lo que sienten muchas familias cuando perciben que el sistema abandona lentamente a quienes más apoyo necesitan.

Porque detrás de cada decisión que el presidente López Miras toma desde un despacho hay niños concretos. Hay un alumno que necesita apoyo emocional y no llega a tiempo. Hay una tutora desbordada intentando atender una clase cada vez más compleja. Hay familias esperando meses una valoración. Y hay profesionales sosteniendo situaciones muy difíciles con la sensación constante de ir siempre al límite. Eso no aparece en las notas de prensa, pero pasa cada día en nuestros centros educativos públicos.

La inclusión educativa no se defiende con pancartas ni discursos vacíos. La inclusión cuesta dinero. Necesita profesionales, planificación y voluntad política. Y durante demasiados años el PP ha preferido invertir más energía en construir relato que en reforzar de verdad la escuela pública.

Cada curso tenemos más documentos, más plataformas y más procedimientos burocráticos que ocupan horas y horas al profesorado. Horas que se le quitan directamente al alumnado. A veces parece que la administración ha olvidado que nuestro trabajo principal es educar, no alimentar un sistema burocrático infinito.

Mientras tanto, el cansancio crece. Se nota en las salas de profesores, en los equipos directivos y en conversaciones de pasillo que antes hablaban de proyectos. Muchos docentes sienten que cada vez se les exige más mientras reciben menos apoyo. Y aun así siguen estando. Siguen entrando cada mañana en sus aulas y dejando parte de sí mismos en un trabajo que demasiadas veces no recibe el reconocimiento que merece.

También seguimos teniendo colegios con infraestructuras indignas, aulas prefabricadas cronificadas y enormes desigualdades entre centros educativos dependiendo del municipio o del barrio. Esa es la realidad, aunque moleste escucharla.

Desde el PSOE de la Región de Murcia creemos que la educación necesita menos confrontación y más decisiones valientes. Necesita una apuesta seria por reducir ratios, reforzar la atención a la diversidad, mejorar infraestructuras y cuidar al profesorado. Necesita planificación a largo plazo y menos políticas basadas únicamente en el impacto inmediato.

López Miras ha abandonado la educación pública, que no puede seguir dependiendo solo de la buena voluntad de quienes trabajan en ella. Un sistema educativo sólido se construye con inversión, estabilidad y una administración que escuche más a quienes pisan los centros cada día y menos a quienes entienden la educación únicamente desde un despacho.

A pesar de todo, seguimos creyendo en la escuela pública. La veo cada mañana en compañeros que llegan antes de hora para preparar materiales, en docentes que compran recursos de su bolsillo y en equipos educativos que sostienen situaciones dificilísimas con una profesionalidad admirable. La escuela pública sigue en pie gracias a ellos.

Por eso hace falta un cambio profundo. Más inversión. Más plantillas. Menos ratios. Más especialistas de PT, AL y orientación. Menos burocracia y más confianza en el profesorado. Y, sobre todo, una administración que vuelva a pisar colegios sin cámaras delante.

Porque educar no consiste en lanzar titulares, señor consejero. Consiste en estar. De verdad.

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