Opinión | Pulso Político
José Ángel Antelo
Germán y Jerónimo no han fallecido; los han sacrificado

El ministro Grande Marlaska saluda a un agente en la capilla ardiente del guardia civil fallecido en Barbate / Eduardo Sanz - Europa Press
No, Germán y Jerónimo no han "fallecido". Germán y Jerónimo no han sido víctimas de un infortunio del destino, ni de un error en la mar, ni han sufrido un "accidente laboral", ni han "muerto" en acto de servicio. Los guardias civiles Germán Pérez González y Jerónimo Jiménez Molero han sido sacrificados. Utilizar eufemismos no solo es una falta de rigor, sino una ofensa sangrante a la memoria de quienes han dado su vida por nuestra Nación y, sobre todo, un blanqueo del Gobierno que les ha dado la espalda y que les ha puesto en una situación de inevitable desenlace. Frente a las costas de Huelva, la historia se repitió por la crueldad de un sistema que permite que los "narcos" tengan mejores motores, mejores radares, mejores armas y, sobre todo, más impunidad que los "buenos".
Estos nuevos asesinatos nos devuelven, inevitablemente, al luto de febrero de 2024. Aquella imagen de los agentes David Pérez y Miguel Ángel González, siendo literalmente triturados por una narcolancha en el puerto de Barbate, ante los vítores de una chusma envilecida, debería haber marcado un punto de inflexión. Sin embargo, dos años después, la desprotección es la misma y la indolencia política ha mutado en algo mucho más oscuro: complicidad por omisión.
Desde hace tiempo, pero sobre todo desde que Pedro Sánchez habita el Palacio de la Moncloa, la autoridad es un concepto decorativo en España. Porque no solo debemos hablar de Germán, de Jerónimo, de David o de Miguel Ángel. Debemos recordar también a todos los demás que engrosan una triste estadística de sangre sobre la que el Ministerio del Interior intenta diluir su culpabilidad, sin olvidarnos de los que han resultado heridos, aunque la intención de los criminales sea la de matar.
Bajo el mandato de Sánchez y sus socios, la Guardia Civil ha pasado de ser la columna vertebral de la seguridad nacional a ser un cuerpo abandonado en la trinchera del olvido, sin medios materiales suficientes y con una estructura de mando maniatada por intereses políticos. Pero tampoco podíamos esperar otra cosa de un Gobierno aliado con los "herederos" de quienes se dedicaban a masacrar, entre otros, a los miembros de la Guardia Civil.
Hay una pregunta que resuena en cada cuartel y en cada hogar español que aún guarda respeto por el uniforme es: ¿Qué le debe Sánchez a Marruecos? Es un secreto a voces que el grueso del narcotráfico que asola nuestras costas nace y se ampara en el reino alauita. Mientras el Gobierno se deshace en gestos de sumisión hacia Rabat, en España solo recibimos de nuestro vecino lo que el seguidismo diplomático no solo permite, sino que además fomenta: un flujo incesante de drogas, oleadas de inmigración ilegal y competencia desleal.
Sin duda, la gestión del PSOE no es solo una cuestión de ineficacia o de sumisión diplomática; es también una elección ideológica. Porque la izquierda siempre premia a los delincuentes y criminaliza a quienes cumplen la ley. La izquierda siempre protege a los criminales y abandona a las fuerzas de seguridad. El desmantelamiento de unidades de élite como el OCON-Sur, que fue el azote del narco en el Estrecho, es la prueba de cargo definitiva. Se desarmó lo que funcionaba, con excusas hipócritas, para no incomodar a quienes operan al otro lado de la frontera. El resultado es el luto nacional.
España no puede permitirse un Gobierno que claudica ante los señores de la droga, ni ante los criminales, en general. Necesitamos que la Guardia Civil sea declarada de una vez profesión de riesgo, que se dote a los agentes de medios superiores a los de aquellos que deben combatir, que se les permita utilizarlos y que se recupere el principio de autoridad.
Y los españoles no podemos tolerar que quien hasta hace pocos días ha sido Vicepresidente del Gobierno y ahora es candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía califique viles asesinatos como "accidentes laborales" para tapar las vergüenzas de su partido. Ni que, pocas horas después -intentando arreglar con un tuit su esperpento televisivo-, continúe minimizando la tragedia, hablando de "muertes" en acto de servicio. "Por supuesto" que no lo podemos tolerar, María Jesús.
La libertad no existe sin seguridad, y la seguridad es imposible si el Gobierno permite y provoca que sus defensores se conviertan en trofeos de caza para quienes desprecian la ley. Germán y Jerónimo no "fallecieron" en un lance del oficio; fueron sacrificados en el altar de la traición de un Gobierno sometido por sus socios y por su principal enemigo exterior. Si hoy no exigimos responsabilidades al más alto nivel, las próximas esquelas ya estarán escritas por la desidia interesada de quienes siempre prefieren mirar hacia el lado incorrecto. Solo faltará ponerles fechas y nombres.
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