Opinión | La Feliz Gobernación
Rebeca llega para quedarse

Perfil de X de Rebeca Pérez / L. O.
Los grandes maestros de ajedrez aconsejan no poner en juego la dama durante los primeros lances de apertura. Es la pieza más poderosa y lanzarla prematuramente al centro del tablero constituye un grave riesgo para su supervivencia que no compensa su eficacia. Es preciso reservarla en su casilla mientras la infantería procede a la mutua escabechina. Sin embargo, he observado siguiendo partidas en Youtube que cuando las damas abandonan su cómoda posición inicial, los jugadores experimentados hacen todo lo posible por deshacerse de ellas mediante intercambio. En particular, resulta irritante el afán del multicampeón Magnus Carlsen por provocar un rápido exterminio de ambas, convirtiendo el resto de la partida en un tedioso juego de cálculo. Lo curioso es que cuando desaparecen las damas ambos competidores parecen mover sus piezas no tanto para consumar el jaque mate sino para conseguir coronar un peón al llevarlo sano y salvo a la primera fila del otro lado, es decir, para resucitar a la dama.
El ajedrez es siempre un buen recurso para entender las estrategias políticas, y en el caso de la sucesión en la alcaldía de Murcia se revela con extraordinaria claridad. Rebeca Pérez sale a jugar en el último tramo del mandato municipal, sin discusión ni reparo alguno tanto en su partido como en el Grupo Popular de La Glorieta, tal que una pluma que hubiera permanecido suspendida en el aire y se acabara posando con toda suavidad en el sillón presidencial. Pero... Ah ¿es que hay algún pero? Queda claro para todos desde el principio que será alcaldesa hasta las próximas municipales, a un año vista, pero no hay nada decidido respecto a su continuidad. Sin embargo, en el entorno de López Miras se añade: «Es la mejor posicionada». Tal vez signifique que para entonces habrá otros que intentarán posicionarse.
Vicealcaldesa y ‘vicepresidenta’
La fuerza política de Rebeca es incuestionable: José Ballesta la nombró vicealcaldesa, un cargo que hasta ese momento no existía de manera formal, y López Miras la elevó a coordinadora regional del partido en el último congreso, el mismo cargo que el presidente había ejercido durante el mandato de Pedro Antonio Sánchez. En su caso, éste le dijo: «Cómprate un coche nuevo porque vas a hacer kilómetros». Aunque López Miras recibió entonces el encargo de poner cataplasmas en las organizaciones locales del partido y apagar fuegos internos, la figura del coordinador no dispone de funciones específicas, pero está ungida de la autoridad de ‘número dos’.
Por tanto, Rebeca reúne el doble aval de haber sido la mano derecha de Ballesta en el Ayuntamiento de Murcia y de ser la ‘segunda’ de López Miras en el PP. Dos personalidades muy diferentes, de distintas generaciones y estilos, aunque conciliadas. Y junto a uno y a otro, según momento y escenario, Rebeca. Por esto siempre se han hecho cábalas sobre ella: ¿Es más de Pepe o de Fernando? Un dilema errado. De los dos.
La irresistible ascensión de Rebeca se ha producido con una trayectoria libre de estridencias, casi se diría silenciosa y hasta con modestia, sin dar codazos. Viene de los tiempos de Miguel Ángel Cámara, de manera que lo ha vivido todo en su partido desde la primera línea de batalla, pero sin levantar la espada ni la voz. Se conoce el percal. No es una construcción de Ballesta o de López Miras; ambos la han heredado, por decirlo así. A todos los cargos ha llegado sin forcejear, de manera natural, como si dispusiera de un secreto polo de atracción. ¿Rebeca? Pues muy bien. Es el prototipo contrario a su tocaya intrigante en Manderley de la película de Hitchcock.
Ahí está su principal baluarte: se lleva bien con todo el mundo, no es problemática, no levanta suspicacias en esa piscina plagada de tiburones, no ejerce de perro de presa, y todo sin ser alabanciosa o bienqueda. Y esto a pesar de que le tocó actuar en calidad de portavoz popular, sobre todo durante el interregno de los dos años de gobierno socialista, como ‘la mala de la película’: Ballesta era el hombre tranquilo que nunca desataba la lengua, pero esa actitud exigía un contrapunto, y ahí estaba Rebeca. La chica que parecía no haber roto un plato los arrojaba con educada ferocidad contra la bancada de gobierno. Y salió del trance sin despeinarse. Además, parece vivir inmersa en su destino político. Salvo atender a su perro, León, a quien a veces se lleva al trabajo como hacen con sus hijos pequeños los políticos finlandeses o de por ahí, y hacer caminatas por el monte, todo su tiempo lo dedica a la agenda política. Y es receptiva y amable.
Un estilo distinto
A sus virtudes se opone una carga. Sustituir a Ballesta es imposible, y toda comparación presente o futura irá en su contra. La mitificación, cercana a la santificación, con que se ha honrado a su antecesor en su despedida abre una brecha en la sucesión, pues nadie, ni Rebeca, goza de su popularidad y de su prestigio. Ese hueco no se llenará ni tendría sentido intentarlo, pues se percibiría como impostura. Habrá que estrenar un nuevo estilo, y queda por saber si el Grupo Municipal, donde sobresalen personalidades muy fuertes, se lo pondrá fácil, pues la autoridad de Ballesta los mantenía firmes, y esa disposición no es fácil de repetir entre los huérfanos.
Pero Rebeca dispone de otra cualidad, ésta de orden práctico. Se conoce el partido en Murcia como la palma de su mano. Su vocación política procede de la actividad de su padre, uno de los pedános más veteranos y experimentados del PP. Y ella se los conoce a todos, sabe de qué pie cojean, y todos la respetan porque los trata sin imposiciones y porque constatan que se conoce muy bien el municipio y sabe de sus problemas antes de que se los enuncien. Así, de manera silenciosa y paciente, Rebeca se constituye moralmente como una líder capitalina con tropa de apoyo, algo muy complicado de conseguir en un municipio tan extenso y diverso, donde el PP dispone de un asentamiento como el de ningún otro partido y donde, a pesar de ocupar el poder, no hay caballos para tantos indios. Ahí donde la ven, Rebeca manda; otros cacarean, pero ella cuenta con un respaldo que hasta ahora no le ha sido preciso activar. ¿Por qué la eligió López Miras como número dos? Porque sabe que la organización del PP en Murcia, ese conglomerado tan móvil y tan capaz de rebelión si observa distancias, tiene en Rebeca una referencia de liderazgo discreto, suave, pero efectivo.
Marín, en la banda
La primera mujer que será alcaldesa a partir del próximo viernes tiene un año por delante para consolidar las expectativas de constituirse en candidata para 2027. El PP puede tener la tentación de buscar un candidato de perfil similar a Ballesta, una personalidad de aceptación transversal, tenga o no tenga arraigo orgánico en el partido. La capital murciana es fundamental para mantener la hegemonía popular en la Región, y el colofón de la mayoría absoluta de Ballesta es una cota muy alta que, de ser rebajada, supondría un efecto psicológico difícil de asimilar. En la banda, hasta ahora, calentaba Luis Alberto Marín, consejero de Economía, Hacienda y otros etcéteras en el Gobierno de López Miras. Hace algún tiempo, el PP encargó una encuesta de uso interno para testar a posibles candidatos en la que incluyó su nombre, delatando así su cálculo de intenciones. Se puede suponer la voluntad de Marín, cuyo oficio consiste en administrar un presupuesto ruinoso, cuando lo hay, de escapar de ese paraíso hacia espacios más abiertos, pero los responsables de Hacienda no suelen ser los candidatos más populares (véase a María Jesús Montero en Andalucía, escrito de antemano) y, por otro lado, tal vez no contara con gran aceptación el hecho de que la primera alcaldesa de Murcia fuera relevada por un varón al año justo de haber sido elegida. (Por cierto que Marín aparece destacado en el perfil de Rebeca en la red X, lo que puede significar que el algoritmo detecta una cierta frecuencia de contactos en el mutuo seguimiento).
Se podría aventurar que en caso de que Ballesta hubiera podido concluir su mandato, Marín lo habría tenido más fácil para tomar el relevo, pero la cuña de Rebeca acabará consolidándola, a no ser que se prodiguen bajo su mandato indisciplinas y conflictos, algo que sin ser imposible parece improbable.
El efecto Ruiz Maciá
Pero las dudas que pudieran existir en el PP sobre la candidatura de 2027 —«no estamos ahora en eso», dicen— tienen fundamento en una inquietud. Los socialistas se han rearmado en el municipio con la portavocía de Ginés Ruiz Maciá, quien, salvo sorpresa, será el candidato a la alcaldía. Esto supone un cambio sustantivo respecto a la situación precedente. Ruiz Maciá, Gino para sus amigos, será un candidato potente según puede deducirse de su labor de oposición, en que aplica de manera incisiva y con frecuencia irónica, con la limitación de la agresividad a la exposición de los datos, una crítica muy acertada, alejada de tonos buenistas y de lloriqueos. Y en los momentos en que se requiere institucionalidad no le duelen prendas en ser colaborativo. Es uno de esos buenos políticos que surgieron en la nueva izquierda que estuvieron a punto de ser desperdiciados por los tumbos y el adanismo de sus partidos. A la contra tiene el peso de unas siglas, las del PSOE, que podrían llegar exhaustas a 2027, y queda por conocer su proyecto en positivo más allá de las críticas a pie de calle con que intenta deslucir las actuaciones municipales.
Un listón muy alto
El PP ha visto desaparecer a la panda de Ciudadanos, que tanto lo condicionó; ha conseguido paliar daños en Murcia conteniendo a Vox, cuyo crecimiento está siendo desperdigado por falta de empatía en su liderazgo, y ha invisibilizado a cualquier opción de la izquierda más allá del PSOE, pero si este partido se refuerza, incluso aunque no remonte lo suficiente para la mayoría, sería un grave traspiés para los populares, pues el listón de la absoluta es el objetivo a mantener. Por todo esto, la candidatura de 2027 a la alcaldía de Murcia, ya sin el plus de Ballesta (un Ballesta que en 2023 aparecía victimizado ante el electorado de centroderecha por la fechoría política de su socio Ciudadanos) es asunto delicado para el PP. De ahí la prudencia para no adelantarse a proclamar desde ya la opción electoral de Rebeca. Pero a la vista del hecho consumado derivado de un desgraciado acontecimiento tendrían que acumular muchas razones para justificar la exclusión de una colaboradora favorita de Ballesta, a la vez número dos de su partido por decisión de López Miras.
La dama, en las partidas de los maestros de ajedrez no comparece en el tablero hasta bien avanzado el juego, y el interés por la mutua neutralización resta emoción al choque, aunque éste consista en intentar reponerlas avanzando los peones. Cuando las damas son eliminadas, las partidas suelen decaer tediosamente y su fuerza es sustituida por un ejercicio de cálculos que, en muchas ocasiones, suele acabar en tablas. El gambito de dama (perder piezas para ganar posición) es un movimiento muy sofisticado que conlleva considerable riesgo.
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