Opinión | El especialista

Juan Antonio Carreras Espallardo
Policía local y criminólogo
El hantavirus y los viejos recuerdos

El crucero MV Hondius con afectados por el brote de hantavirus. / Elton Monteiro/EFE
Los hantavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades graves e incluso la muerte, en una probabilidad de hasta el 50% según afirman los expertos. Como ya hemos visto durante estos días, se propagan principalmente a través de roedores y la probabilidad de contagio interpersonal es muy poco probable, solo en casos de contacto muy estrecho y directo con un caso sintomático. Estos virus causan enfermedades como el síndrome pulmonar por hantavirus y la fiebre hemorrágica con síndrome renal.
Lo que comenzó como el sueño de una expedición global desde Argentina, un intercambio de fronteras abiertas y descubrimientos, unos días para viajar y disfrutar de nuevas experiencias, se ha convertido en un infierno para las personas a bordo del barco. Ya no es solo el virus; es el eco de una pesadilla que creíamos haber dejado atrás en 2020 y que hoy, con la sombra del hantavirus asomando en los titulares, amenaza con repetir el mismo guion de incompetencia y sospecha. Pero no se preocupen, los epidemiólogos consideran imposible que el brote de hantavirus en el crucero pueda causar una pandemia.
¿Recuerdan a Fernando Simón? Fue el rostro de la pandemia en España. Ha reaparecido ante los medios de comunicación para explicar qué pasa con el barco, y en relación con el brote de hantavirus, Simón explicó que hace 50 años algunos virus no suponían un problema relevante porque nadie o casi nadie acudía a las zonas donde circulaban en su propio entorno natural, con sus huéspedes animales, como pequeños roedores.
Mientras la incertidumbre crece, nuestros políticos han tardado escasos segundos en desenfundar sus armas habituales. No hay tregua, ni siquiera ante la emergencia sanitaria. En lugar de gestión, asistimos al bochornoso espectáculo de siempre: políticos tirándose basura a la cara, más preocupados por medir su ego y ver «quién la tiene más larga» en el hemiciclo que por blindar el sistema de salud. Es una inercia destructiva. Si el virus avanza, la culpa es del otro; si se frena, el mérito es propio. Y mientras tanto, el ciudadano asiste atónito a un espectáculo donde la verdad es la primera baja del combate. Ya han visto lo primero que ha dicho Marruecos en cuanto el barco fondeaba con posible destino a las Islas Canarias: aquí a Marruecos que no venga ningún pasajero.
Es inevitable que, ante este escenario, surjan las preguntas incómodas. ¿Estamos ante una nueva amenaza real o ante la estrategia de las farmacéuticas para colocarnos la siguiente vacuna? La confianza está rota. Tras la experiencia del covid-19, el escepticismo es total. No quiero imaginarme lo que estará pensando Miguel Bosé en estos momentos.
A esto se suma el recuerdo de la gestión legal. Ya sabemos cómo termina esto: con el tiempo, los tribunales dictaminaron la ilegalidad del estado de alarma y la inconstitucionalidad de unos confinamientos que nos encerraron mientras otros hacían caja. No podemos olvidar los millones de euros de fraude en las mascarillas, ese festín de comisionistas y amigos del poder que hoy, por fin, se enfrentan a los juicios que les aguardaban. La Justicia es lenta, pero llega.
¿Se acuerdan de los aplausos de las ocho de la tarde? Aquella catarsis colectiva e impulsiva, hoy suena a música lejana y un tanto ingenua, hasta vergonzosa. Decían que la covid nos iba a hacer mejores personas, que íbamos a salir más reforzados de valores. ¡Mis ganas! Avanzamos a una sociedad carente de valores sociales, ahora la realidad es más cruda, sabemos que nos engañaron y un nuevo confinamiento, por este o por otros futuros virus pandémicos, es impensable.
El tablero está más caliente que nunca. Con Donald Trump como protagonista de todos los informativos, el peligroso Putin, con el que nunca hay que relajarse, nuestro elenco nacional (del que mejor no me pronuncio)… La pregunta es inevitable: ¿están los chinos detrás? ¿O es un movimiento de ajedrez entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos? En un mundo en guerra híbrida, el virus parece un arma más en el arsenal del caos. Seguro que alguno piensa que esto es un nuevo experimento (el de la covid se les fue de las manos). Menuda banda de narcisistas hay en el panorama, lo digo en serio.
¿Hacia dónde vamos? Mientras los ‘negacionistas’ de siempre afilan sus argumentos (unos con razón por el hartazgo, otros perdidos en la conspiración más absoluta), el ciudadano medio se queda en tierra de nadie. La pregunta que flota en el aire no es solo sobre la salud, sino sobre nuestra capacidad de resistencia como sociedad. ¿Hemos aprendido algo o estamos condenados a repetir el ciclo de histeria y control? Por si acaso, y viendo los antecedentes y presente de nuestra clase dirigente, la tentación es volver a las andadas. Entonces, ¿vamos comprando ya el papel higiénico? Porque, si algo nos enseñó la última vez, es que cuando el barco se hunde, lo primero que escasea es la dignidad política, los valores de la sociedad... y la celulosa en el Mercadona.
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