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Opinión | Misa de doce

Ángel Cruz

Ángel Cruz

Director de la Filmoteca Regional

Ballesta: MVP

José Ballesta fue un gran aficionado al baloncesto, deporte que practicó en su juventud

José Ballesta fue un gran aficionado al baloncesto, deporte que practicó en su juventud / ARTVM

A menudo se dice que la pasión es uno de los ingredientes esenciales con los que se amasa y moldea la excelencia. Per passionem ad excellentiam. A través de la pasión hacia la excelencia.

Pasión y excelencia: dos conceptos consustanciales en la figura del alcalde Ballesta que, en cierto modo, han definido su leitmotiv a lo largo de sus años al frente del consistorio y con la que ha escrito la historia de la Murcia que soñó y logró materializar: una Murcia ambiciosa, sin complejos, que mira al futuro con orgullo sin renunciar a su pasado ni traicionar su idiosincrasia.

Y es que la pasión con la que afrontaba todo aquello que emprendía y le interesaba era parte esencial de su filosofía de vida y, sin duda, entre esas pasiones el deporte, y más concretamente el baloncesto, ocupaba un lugar destacado.

Tuve la suerte de compartir con él esa pasión en decenas de partidos del entonces CB Murcia, e incluso de verlo fajarse en la pintura, como pívot de un combinado de veteranos murcianos que, en agosto de 2009, se midió a varias leyendas de la mítica selección española de Los Ángeles 84.

Aplicar los conceptos y valores aprendidos en la cancha de baloncesto a la vida cotidiana, y más concretamente a la política, quizás haya sido uno los aspectos más sobresalientes de su gestión ya que nuestro alcalde, como un buen entrenador, no enseñaba solo a jugar sino a vivir y, sobre todo, a entender que en la vida, al igual que en una cancha de baloncesto, nadie alcanza el éxito sin un buen equipo.

Equipos que él era capaz de gestionar y liderar, algo para nada sencillo en un vestuario, y mucho menos en un Ayuntamiento. Su prioridad fue la de reunir una plantilla de personas enamoradas de Murcia. Un grupo para el que las manecillas del reloj no tuvieran hora porque los problemas de Murcia no descansan y porque no hay mayor honor y distinción para un murciano que servir a su ciudad.

Pero, a mi juicio, como sucede con los grandes entrenadores, su principal logro fue saber transmitir a sus pupilos no solo su pasión, sino su orgullo. Orgullo de ser murciano: el de saltar a la cancha y mirar cara a cara a cualquier rival, sin titubeos ni complejos. Porque, hoy en día, ser murciano ya no es algo de lo que avergonzarse sino un privilegio que se siente y del que, además, hay que presumir.

Los entrenadores no pasan a la historia por ganar o perder partidos. Lo hacen por cambiar el baloncesto y Ballesta, de alguna manera, ha cambiado la política. Una política basada en el respeto y en la que el insulto al rival no tiene cabida. Una política más humana, empática, donde se hable en plural y no en singular. Una política basada en "fair play", valores procedente del deporte, del baloncesto, donde el respeto al adversario es tan o más importante que a tu propio grupo.

Esos valores, esa manera de manejar a grupos, de hacer política, son los que han forjado su leyenda. Por eso ha sido tan querido y por ello tan llorado.

Forjamos y construimos leyendas para preservar su legado y los valores que nos han transmitido. Perpetuar la memoria del alcalde Ballesta no solo engrandecerá Murcia, sino que también dignificará la política. Un legado llamado a trascender, y que, por méritos propios, lo consagra como ‘MVP’.

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