Opinión | BOULEVARD FLANDRIN
Casi tiempo de melocotones

Melocotones / DANKO N
En el tren vi a una mujer sacar una libreta y apuntar algo mientras los demás consultábamos el teléfono como quien se toma la fiebre. Escribía una dirección, una compra, una frase. Justamente por eso inquietaba. Aquel movimiento abrió una grieta en el vagón, una mano siguiendo una idea mientras los demás atendíamos la llamada del bolsillo.
El casi empezó allí. El casi no es una ausencia, sino una forma de faltar sin que conste en acta. No aparece cuando dejamos de hacer las cosas, sino cuando las hacemos sin terminar de estar. Casi viajamos, casi conversamos, casi leemos, casi descansamos. Nadie falta. Las sillas están ocupadas, los cuerpos cumplen. Pero algo decisivo queda fuera, como una maleta girando sola en la cinta de equipajes.
Al salir de la estación entré en una frutería. No pensaba comprar nada. A veces uno compra fruta para regresar al mundo, para tocar algo sin contraseña. Vi los melocotones y recordé que el verano era antes una forma de estar en la cocina: una mesa pegajosa, una fruta abierta, una mosca contra el cristal. Ahora casi todo llega precedido por su representación. Primero la foto, luego el tacto. Primero la prueba, luego la vida. Los melocotones eran hermosos y duros. Casi fruta. Los puse en una fuente, como quien deja una estación sobre la mesa. Pero una fruta no madura por intimidación. Durante dos días tuvieron color de verano, aunque todavía no habían aprendido su olor. Seguían encerrados en su tiempo, defendiendo algo que hemos empezado a perder, el derecho de las cosas a no estar listas.
Ahí estaba la lección. Lo que aceptamos en una fruta, que necesite tiempo, nos parece insoportable en la vida. Queremos que todo responda antes de madurar. Una opinión, un amor, una tristeza, una decisión, una biografía. Queremos frutos sin calendario, certezas sin intemperie, conclusiones sin camino. Hemos confundido lo instantáneo con verdad.
El teléfono no nos expulsa de la vida. Nos facilita el certificado falso de haber estado. No nos roba el tiempo de golpe, lo desmigaja. Dejamos el cuerpo fichando asistencia y retiramos lo demás. Un doble cena con los hijos, otro asiente ante los padres, otro acompaña a quien comparte cama e incertidumbre. Todos correctos. Pero nadie ama por delegación. Nadie recuerda por poderes. Nadie piensa mientras atiende otra ventanilla.
La política, que olfatea las debilidades de una época antes de convertirlas en negocio, también vive de esa atención intermitente. Casi debate, porque hay ruido. Casi memoria, porque hay archivos. Casi responsabilidad, porque alguien dice la palabra exacta ante las cámaras.
En los afectos, casi nunca se pierde todo de una vez. Parece cansancio, rutina, falta de tiempo. Luego descubrimos que alguien estuvo hablándonos años desde la otra orilla. Hay casas donde todos contestan y nadie escucha. Una madre repite una historia para comprobar si todavía queda alguien al otro lado. Un hijo pregunta y recibe una respuesta útil, no una mirada. La desatención no rompe vínculos, los deja sin temperatura.
Al tercer día, un melocotón cedió bajo el dedo. Tenía una mancha junto al tallo y una blandura humilde, como si hubiera aceptado su derrota. Lo abrí. La cocina olió a tiempo cumplido. Pulpa, azúcar, cuchillo, finitud.
Casi es tiempo de melocotones. No es una frase sobre el verano. Es una pregunta sobre nosotros, si aún sabemos esperar sin arrancar, tocar sin convertirlo todo en prueba, escuchar sin enviar una sombra en nuestro lugar. Porque una fruta puede estar casi madura. Una vida, cuando se instala en el casi, no espera su punto. Empieza a perder el sabor.
Suscríbete para seguir leyendo
- Murcia se hace 'invisible': El Ayuntamiento exige explicaciones al Gobierno por la instalación de pantallas acústicas
- Una plaza peatonal que emula la huerta dará la bienvenida a Murcia por Ronda Norte: Así es el proyecto de los MUHER
- Pacto a tres bandas para ‘ampliar’ la carretera que une las urbanizaciones de Molina con los centros comerciales
- Los murcianos encienden el aire acondicionado antes de tiempo y desbordan las agendas de los instaladores en la Región de Murcia: 'No hay cultura de mantenimiento
- Riesgo de colapso del mercado dental por la ‘sobretitulación’ de odontólogos
- Cuatro delincuentes pegan una paliza a un hombre en Torre Pacheco tras una discusión de tráfico, lo tiran al suelo y le roban 300 euros y el móvil
- La Cárcel Vieja convierte el verano en Murcia en un laboratorio de arte, cine y pensamiento contemporáneo: consulta la programación
- Un grupo de bailarines murcianos actúa para el Papa en el Bernabeu: 'Hemos terminado llorando
