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Opinión | El blog del funcionario

Cárcel Vieja: Un pastel de carne entre fusilamientos

Cafetería en el interior de las instalaciones de la Cárcel Vieja de Murcia

Cafetería en el interior de las instalaciones de la Cárcel Vieja de Murcia / Juan Carlos Caval

Mientras escribo este artículo de opinión, mi hija estudia en su último año de la ESO la descolonización de Indochina y otros países en Asia.

Le pregunto sobre el tiempo dedicado a la dictadura franquista, y me dice que ni un día, solo un trabajo que hicieron sobre la guerra civil española.

Me invitaron a un café el otro día en la nueva cafetería de la Cárcel Vieja, mientras me hablaban de un proyecto muy interesante en países de África, empecé a pensar en la historia del lugar dónde estábamos desayunando.

Las sombras de los fusilamientos, mas de 500 según algunos informes elaborados por asociaciones de la memoria histórica, el abrir y cerrar de las puertas de las celdas, las hostias que iban y venían siempre del mismo lado, sentía la sangre corriendo bajo el suelo limpio que pisábamos, los gritos de dolor mezclados con los insultos empezaron a retumbar al mismo tiempo que removía el café, e imaginaba allí, en las afueras de la prisión, a mujeres e hijos preguntando por sus parejas.

¿No te tomas el café? Me dijo mi amigo.

No, tengo el estómago revuelto, le dije.

¿Te encuentras bien? Insistió

Si, no te preocupes, es solo que no sé por qué de repente mi cuerpo se ha revuelto.

A mí también me pasó lo mismo la primera vez que vine, pero al final te acostumbras a las sombras y a los muertos. Imagínate que estás en un tanatorio tomando un pastel de carne, es solo cuestión de tiempo.

¿Estás seguro? Le contesté.

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