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Opinión | Obituario

Pablo Ruiz Palacios

Pablo Ruiz Palacios

Presidente de la Agrupación Sardinera

Un testamento sardinero de amor a Murcia

La última pitocrónica del alcalde fue una declaración de orgullo murciano, de gratitud a la ciudad y de cariño a unas tradiciones que defendió hasta el final

El alcalde de Murcia, José Ballesta, junto a Pablo Ruiz Palacios, durante la gala de lectura de la Pitocrónica

El alcalde de Murcia, José Ballesta, junto a Pablo Ruiz Palacios, durante la gala de lectura de la Pitocrónica / L.O.

El pasado lunes, Murcia amaneció distinta. Como cada mañana, regresaba del club de tenis de hacer deporte pasando por Gran Vía, Plaza Circular y Ronda Norte, viendo cómo los coches llenaban la avenida camino del trabajo mientras los niños salían del colegio de Capuchinos. Las cafeterías levantaban sus persianas y ese bullicio tan nuestro comenzaba a despertar la ciudad. Pero aquel día había algo diferente. Las calles estaban llenas y, sin embargo, parecía que reinaba una extraña soledad. Murcia lloraba en silencio la pérdida de José Ballesta.

Para muchos fue un alcalde; para otros, además, un defensor incansable de la murcianía. En la intimidad de tantas conversaciones tras los desfiles del Entierro de la Sardina, siempre hablaba con orgullo de nuestra tierra, de la humildad y la generosidad de los murcianos, de esa forma tan nuestra de vivir y sentir la ciudad.

Recuerdo especialmente cuando le propusimos ser Pitocrónico del 175 aniversario. Ya estaba enfermo, muy débil, pero aceptó sin dudar. Venía de la quimioterapia a los ensayos y jamás perdió la ilusión. Aquella pitocrónica fue casi un testamento de amor a Murcia y a su gente.

Hoy me quedo con su legado: sentirse orgulloso de ser murciano. Porque quienes amamos esta ciudad sabemos que, lejos de ella, siempre acabamos echando de menos nuestras plazas, nuestras calles y nuestra forma de vivir.

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