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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Las pesadillas cumplidas de Sánchez

Solo podemos lamentarnos de que no fraguara la coalición para formar gobierno entre PSOE y Ciudadanos. Los números cuadraban y el recorrido podría haber sido largo, aunque la experiencia demuestra que las coaliciones no sientan bien al partido minoritario que las posibilitan. La ambición (legítima por otra parte) de Albert Rivera por sustituir al PP de Casado en el centro derecha, y el temor a disolverse entre los enredos y trampas de un partido tan sólido como el PSOE nubló su juicio y la consecuencia fue otra convocatoria de elecciones y el fracaso del sueño húmedo de Ciudadanos. En algún momento, el ahora presidente Sánchez confesó que una de sus pesadillas sería tener que gobernar con Pablo Iglesias.

Ahora resulta evidente por qué, con la perspectiva de los años. Los radicales de izquierda (llámense PCE, Izquierda Unida, Podemos, Sumar o sus múltiples marionetas en forma de asociaciones vecinales) tienen un ideario político basado en la extrema igualdad, forzada desde un poder ejecutivo con vocación autoritaria. Ese objetivo, trasladado al sector de la vivienda significa que tener más de una vivienda resulta ser un acto predatorio. Basados en esa convicción, el enemigo de la izquierda radical son los propietarios de múltiples viviendas. Esa guerra total contra los multipropietarios, que constituyen alrededor del 10% de todos los propietarios de viviendas, afecta directamente a los intereses de un par de millones de personas. El problema real, y la pesadilla que desvelaba a Sánchez, es que el espíritu combativo de los radicales se ha cargado literalmente el mercado del alquiler residencial a base de restringir la oferta: una consecuencia inevitable de la represión de los precios, la alquiocupación y la ocupación a secas. Todos fenómenos promovidos o amparados por la izquierda radical desde el Consejo de Ministros.

El resultado es que la vivienda se ha convertido en el principal problema del país. No solamente los propietarios particulares no alquilan, sino que los grandes fondos de inversión se están retirando de España. Ellos eran los únicos capaces de producir suficientes viviendas en alquiler y, con eso, reequilibrar el mercado. La paradoja es que los que sufren más por la situación son los votantes de la extrema izquierda.

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