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Opinión | Obituario

Joaquín Gris Martínez

En memoria de un gran bienhechor de la aurora murciana: D. José Ballesta Germán

Miembros de la Junta directiva de la Federación Cabildo de Hermandades de la Aurora de la Región de Murcia con el alcalde de Murcia, en una imagen de archivo.

Miembros de la Junta directiva de la Federación Cabildo de Hermandades de la Aurora de la Región de Murcia con el alcalde de Murcia, en una imagen de archivo. / L.O.

Hoy callan las campanas con un tañido más grave y más hondo.

Las calles de Murcia, acostumbradas al paso diligente y cordial de quien tantas veces las recorrió como servidor de su pueblo, sienten ahora la ausencia de un hombre cuya memoria quedará unida para siempre a la vida pública, universitaria y espiritual de esta tierra levantina. Ha partido don José Ballesta Germán, y con él parece apagarse una de esas luminarias humanas que Dios concede de tiempo en tiempo a las ciudades para honra y consuelo de sus vecinos.

Fue hombre de ciencia y hombre de gobierno; catedrático de Medicina entregado al estudio y a la enseñanza; rector magnánimo de la venerable Universidad de Murcia; diputado, consejero y portavoz del Gobierno Regional, donde ejerció la palabra pública con serenidad y prudencia. Y sobre todas esas dignidades temporales, fue alcalde de Murcia: alcalde cercano, de conversación afable, de trato humilde, de corazón atento al palpitar de sus barrios, de sus huertas y de sus antiguas tradiciones.

Pero quienes aman el canto religioso de la Auroras de Murcia, quienes conocen el temblor emocionado de una campana al alba, quienes han escuchado en las madrugadas del Rosario la copla antigua elevándose entre callejas silenciosas, y rincones de la huerta saben que don José Ballesta no fue solamente un político ni un académico. Fue también un custodio del alma popular murciana.

Amó la tradición aurora como se aman las cosas heredadas de los mayores: no con fría erudición, sino con entrañable reverencia. Comprendió que en aquellas coplas humildes cantadas de madrugada vive la memoria espiritual de un pueblo entero; que en el rosario de la aurora late todavía la voz de generaciones de murcianos que buscaron consuelo bajo el manto de María Santísima. Y por eso alentó, protegió y honró a los auroros, reconociendo en ellos una herencia sagrada que no debía perderse jamás.

¡Cuántas veces, al despuntar el día, resonaron por Murcia los nombres benditos de la Virgen mientras él escuchaba con emoción sincera aquellas salves antiguas!

¡Cuántas veces el canto rosariero halló en su voluntad apoyo y amparo!

Porque entendió que una ciudad sin memoria espiritual es un cuerpo sin alma, y que las tradiciones piadosas son lámparas que iluminan el camino de los pueblos.

Hoy los auroros podrían cantarle como a uno de los suyos:

Ya se nos fue el caballero

que honró la ciencia y la fe;

Murcia llora su partida,

más Dios le dará la luz.

Si amó de la Virgen pura

el rosario y la alborada,

hallará la eterna gloria

junto a la Reina Sagrada.

Y así, entre ecos de campanas lejanas y el murmullo de las cuentas del rosario, la ciudad encomienda su alma al Señor. Porque la muerte, para quien sembró bien y vivió con nobleza, no es noche definitiva, sino amanecer eterno.

Pidamos a María Santísima del Rosario, consuelo de afligidos y aurora de salvación, que salga ahora a su encuentro. Que aquella Madre a quien tantas veces honró con devoción murciana lo cubra con su manto y lo conduzca ante el trono del Altísimo.

Que los coros celestiales le reciban como recibe la huerta la primera claridad del alba. Que encuentre descanso entre los justos. Que el Señor premie sus desvelos por Murcia, por la Universidad, por la cultura y por las tradiciones populares del pueblo fiel. Y que, cuando en las madrugadas futuras vuelva a sonar una salve aurora por las calles murcianas, haya siempre un recuerdo emocionado para quien supo comprender que en esos cantos humildes respiraba el corazón eterno de la huerta de Murcia

Descanse en paz don José Ballesta Germán y brille para él la luz perpetua.

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