Opinión | Obituario
José Ballesta, un hombre enamorado de una ciudad

José Ballesta, de paseo por la calle Trapería / JUANCHI LOPEZ
A las 8.30 de la mañana, el jefe llegaba puntual a su puesto de trabajo. Antes había dejado a su hija pequeña, Lucía, en el colegio. Venía siempre caminando y, de paso, tomándole el pulso a la ciudad. Cuando atravesaba la puerta del despacho, todos nos cuadrábamos. Llegaba ‘El Rector’, un humanista recién metido a político cuya presencia intelectual y física imponía.
Pasar la mañana cerca de él era un auténtico ‘tour de force’: todos corríamos, nos estresábamos, sentíamos que no llegábamos y nos cabreábamos. A las 13.30 suplicábamos por un final limpio e indoloro y, a las 15.00, descubríamos que éramos capaces de hacer cosas grandiosas. Luego llegaba la tarde, surgían nuevas crisis y frustraciones. Entonces conversábamos, nos reíamos y, al día siguiente, volvíamos a precipitarnos hacia el infierno de nueve círculos concéntricos que es la política.
El jefe siempre estaba ahí. Bajo su atenta mirada se iba revelando quiénes éramos: personas distintas, incluso antagónicas, pero que formaban un equipo fuerte y unido con un objetivo común: hacer, mejorar, no parar. Yo era muy joven y reconozco que no terminaba de entender cómo un catedrático de Histología y Embriología general se había metido en aquel lío por voluntad propia. Él lo llamaba responsabilidad, el peso del bien común que los líderes naturales se echan a la espalda con inmenso orgullo y alegría.
Pasaron los años y José Ballesta, un hombre enamorado de una ciudad, llegó a la Alcaldía de Murcia. Un idilio de pura pasión que se materializó en un día a día frenético y repleto de retos, sinsabores y satisfacciones. Estar cerca de él me hizo consciente de lo difícil que es hacer cosas en esta vida; todos los frenos, obstáculos y villanos que hay que superar para lograr materializar los sueños.
Estaba tan concentrado en la acción, que no se detenía a hablar de los demás. Era un hombre de verbos, no de adjetivos. No conocía la envidia y se tomaba muy en serio a sí mismo y al medio millón de murcianos por los que trabajaba 24/7. Se entregaba por completo. Invertía cada minuto de su tiempo en construir, solucionar, pensar, crear, formar, inspirar y honrar a la ciudad que le había dado tanto.
Era un hombre generoso, carismático, tímido y realmente divertido en las distancias cortas. De una inteligencia portentosa y una creatividad desbordante que ponía al servicio de proyectos revolucionarios y transformadores, que ya forman parte del patrimonio de todos sus vecinos y vecinas. Era exigente y valiente, capaz de asumir riesgos, aunque siempre fiel a sus principios y convicciones.
Pero, sobre todo, nuestro alcalde fue un hombre tolerante, dialogante y conciliador. Huía de la crispación y era un experto en tender puentes y acercar posturas, porque sabía que la misión más importante que tiene un político (aquel que se dedica a los asuntos de la ‘polis’) es solucionar problemas, salvar escollos, sumar voluntades y unir a las personas en torno a un sueño.
Somos muchos los que nos hemos forjado al fuego de José Ballesta. Mujeres y hombres que hoy lloramos su pérdida, pero que creemos en la acción política y en la posibilidad de mejorar la vida de los demás gracias a él. Una persona cuya vitalidad y capacidad de esfuerzo le llevó a ganar todas las batallas en esta vida y cuya fe seguirá guiándole en la otra.
José Ballesta es el mejor ejemplo de una vida bien vivida: doctor en Medicina y Cirugía, investigador en el extranjero, catedrático, el rector más joven de España, consejero, alcalde, hijo, hermano, esposo, padre y abuelo. Hace poquito le dije: «¿Sabe? Tengo la sensación de que cada una de las cosas que ha hecho han sido para impresionar a Pilar (su esposa)». Él me contestó sin dudarlo: «Y todavía no lo he conseguido». Mi más sentido pésame a su querida familia, quienes fueron su impulso constante y su mayor motivo para seguir superándose cada día.
La partida de José Ballesta también deja huérfana a una ciudad, una tierra con criterio y dignidad que supo reconocer y elegir como su líder a un murciano de alma grande. Mis condolencias al pueblo de Murcia.
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