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Opinión | Pasando la Cadena

El tiempo y las circunstancias de Florentino

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, da un discurso durante la ceremonia de entrega de insignias, otorgadas a modo de reconocimiento, a los socios que han permanecido en el club de manera ininterrumpida durante 50 años, con insignias de oro, y 60 años, con insignias de oro y brillantes

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, da un discurso durante la ceremonia de entrega de insignias, otorgadas a modo de reconocimiento, a los socios que han permanecido en el club de manera ininterrumpida durante 50 años, con insignias de oro, y 60 años, con insignias de oro y brillantes

A veces nos alcanza el tiempo, que es inexorable, y otras las circunstancias, que pueden ser imprevisibles, involuntarias o por negligencia. Y a Florentino Pérez le han alcanzado su tiempo y sus circunstancias.

Analizando su luenga presidencia, junto a éxitos indiscutibles y fracasos sonados en lo deportivo, como con los galácticos y la situación actual, colecciona desatinos institucionales y hasta económicos difíciles de entender en una persona de tan brillante ejecutoria empresarial.

El flamante nuevo estadio es una contradicción entre ingeniería futurista e improvisación. Es incomprensible que no previeran los riesgos de plantear un sitio tan céntrico y habitado para albergar eventos musicales y de todo tipo sin calcular las molestias a los vecinos y su posible reacción: aglomeraciones, ruidos, tráfico intenso, ingente logística de eventos multitudinarios, etc. Eso, en una ciudad bastante colapsada, es un despropósito importante e impropio de un buen gestor al frente de una entidad tan relevante, capaz de reunir en cualquier espectáculo cerca de cien mil personas. Resultado: costo duplicado para lo que podía haber sido un moderno estadio de fútbol—centenares de millones de euros desperdiciados—, prohibición judicial de eventos musicales y hasta un ambicioso parking subterráneo paralizado por los tribunales.

Su empeño contra la Federación española y la Liga, es decir, contra la inmensa mayoría de clubes de fútbol españoles, que votan en contra de sus propuestas; y contra el colectivo arbitral mediante una vergonzante campaña en su canal televisivo, por justificada que fuera tras el ignominioso y judicializado caso Negreira, sitúa al Real Madrid en una esquina antipática. Y eso tiene riesgos de todo tipo.

Igual que su contumaz cruzada contra la UEFA por la fracasada Superliga. O sea, contra la totalidad de clubes europeos. Solo el Barça estaba con él y por eso le ayudó decisivamente en sus palancas financieras —si los madridistas fueran conscientes del decisivo apoyo de Florentino al Barça, se pasmarían— ,hasta que Laporta le traicionó —eso explica su rabia actual—para abrazarse a Ceferín, como anticipamos hace tiempo, buscando el favor de la UEFA ante una posible condena judicial por el tema Negreira y la consecuente sanción deportiva de la máxima institución continental. El descrédito europeo es el resultado de este absurdo, incrementado por la rendición final de Florentino.

Y eso, sin valorar el esperpento de su ausencia en la gala del fallido Balón de Oro a Vinicius. Otra rabieta difícil de entender y que enlaza con la situación actual del vestuario blanco.

El Madrid está inmerso en una crisis institucional por el mal ambiente en su plantilla. Sin entrar en detalles, por conocidos y reiterados, se resume en que Florentino ha vuelto a malcriar a sus estrellas. Amén de errar en el diseño del actual plantel de futbolistas y de haber largado visceralmente a Xabi para ascender al novato y florentinista Arbeloa,cada vez más ridículo en sus declaraciones; pretender quitarle hierro al bochorno de Valverde y Tchouaméni, argumentando que es habitual, es tan increíble como patético.

Pero prepárense para lo siguiente de Florentino. También lo anticipamos el pasado 18 de enero en la columna “El parche Arbeloa en vísperas de Mourinho”; pronta realidad.

No obstante, sería injusto que Florentino Pérez cayera por tanto disparate. Le habrán alcanzado el tiempo y las circunstancias, pero tiene en su haber la dimensión actual del Madrid, coronada con millones de seguidores incondicionales por todo el mundo.

La encrucijada del presidente blanco tiene tres caminos: continuar así, Mourinho incluido, que sería nefasto; volver a largarse, que es indeseable; y recuperar la cordura, propiciando una estructura deportiva que enderezara el rumbo futbolístico —ahí si podría aparecer Klopp—, reservándose la presidencia para acabar de diseñar su anunciado futuro de la propiedad del club. Empeño en el que debería emplear las penúltimas fuerzas.

Dirigir una entidad es dirigir su futuro, porque lo del presente es solo administrar. Y Florentino debería dirigir el futuro del Real Madrid, que es fundamental. Las circunstancias son pasajeras.

Si ha potenciado la Fundación del club con vistas a un retiro dorado, debe aplazarlo. Personas relevantes mayores que él me confesaron que les sobraban ideas, pero que les faltaban personas para ejecutarlas. Y él tiene notoriedad, ideas y tiempo.

Estadio nuevo ya hizo Bernabéu y jugadores importantes también han fichado otros presidentes, pero asegurar que el club sea siempre de los socios no lo ha hecho nadie. Sería el legado eterno de Florentino Pérez.

La Fundación Real Madrid le espera, pero con los deberes hechos.

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