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Opinión | Nos queda la palabra

Papelón

Si por cada vez que se les ha pedido el ‘carnet’ a las personas de piel más oscura se les hubiera facilitado un papel, los tendríamos sepultados en folios con el sello administrativo oficial. No les haría falta que se acercaran ahora por la ventanilla, siempre propensa en España al «vuelva usted mañana», entre lamentos de que no hay personal o que no estaba previsto para crucificar, por interés electoral y de nuevo, a los vecinos en situación irregular.

No les importa mandar cada día a la patrulla a reclamar la documentación a los que, a su juicio, no son como nosotros, pero ponen el grito en el cielo cuando una ley abre un periodo para dotar de derechos a los que llevan tiempo con nosotros, cumpliendo con todos los deberes y más allá en el ámbito laboral.

Un más allá que incluye manifestarse por las calles de Murcia cuando los capataces mandan sacar el tractor o los tráiler. Patronos agrícolas que, al igual que sus homólogos de la construcción o de la hostelería, ciertamente apoyan el proceso de regularización abierto aunque aprovechen cualquier circunstancia para criticar duramente a los que lo han hecho posible.

Si hasta hace poco era impensable escuchar expresiones racistas y xenófobas en un país que es un cruce de culturas y, hasta no hace mucho, pasto de la emigración, ahora cualquiera que destaque el valor de los inmigrantes en el desarrollo económico y el bienestar de España es dardo de todo tipo de acusaciones. La más leve es la de ‘buenista’ pues está de moda, como bien saben, ser mala persona. Tan malas que uno de sus guías ha pasado a ser el Papa, demonizado por los de la misa diaria.

Afortunadamente, hay quien todavía se esfuerza, con independencia del interés puramente económico, en establecer lazos de cooperación que nos haga a todos mejores...y deja que ladren aquellos cuya prioridad es el odio.

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